Todos podemos dar limosna


Quizá no tenga pan con que socorrer al necesitado; pero quien tiene lengua dispone de un bien mayor que puede distribuir; pues vale más el reanimar con el alimento de la palabra al alma que ha de vivir para siempre, que saciar con el pan terreno al cuerpo, que ha de morir. Por lo tanto, hermanos, no neguéis al prójimo la limosna de vuestra palabra. (S. GREGORIO MAGNO, Hom. 4 sobre los Evang.).

(Da al que te pida). Puede entenderse también esto del dinero de la doctrina, que nunca falta; sino que cuanto más se da, tanto más se multiplica. (S. JERÓNIMO, en Catena Aurea, vol. I, p. 323).

Dad limosna: esta palabra se refiere a todas las obras de misericordia, porque da limosna no sólo el que da de comer al que tiene hambre y otras necesidades por el estilo, sino también el que perdona a quien le falta y ruega por él, el que corrige a otro [...]. (SAN BEDA, en Catena Aurea, vol. VI, p. 49).

 La limosna, denominación que incluye una extensa gama de obras de misericordia, de modo que todos los fieles son capaces de practicarla, por diversas que sean sus posibilidades. (S. LEÓN MAGNO, Sermón 6 sobre la Cuaresma).

La pobreza no impide de ninguna manera el andar por aquel camino de penitencia que consiste en seguir el mandato del Señor, distribuyendo los propios bienes—hablo de la limosna—, pues esto lo realizó incluso aquella viuda pobre que dio sus dos pequeñas monedas. (S. JUAN CRISÓSTOMO, Hom. 6 sobre el tentador).

El hombre de corazón duro es avaro e insensible a las miserias del prójimo; hallará mil excusas para no tener que dar limosna. (SANTO CURA DE ARS, Sermón sobre la limosna).

La limosna no se hace sólo con dinero, sino también con otras obras, como cuando alguien protege a otro, o un médico cura, o un sabio aconseja. (S. JUAN CRISÓSTOMO, en Catena Aurea, vol. Vl, pp. 96-97).