Dicen que hay dos tipos de fans de «Perdidos»: los
que creen que su valor está en la trama y los que creen que
reside en sus personajes. Para los primeros, el final de la
serie ha sido, en cierto modo, decepcionante. Sí, los
guionistas podrían haber resuelto las muchas incógnitas que
quedaban (y quedarán) por resolver.
Sin embargo, para los segundos, el cierre ha sido un broche de
oro. Porque lo esencial, lo que atañe al corazón del ser
humano, al significado y al valor de su vida y a su capacidad
para ser «salvados», sí ha quedado resuelto.
En el momento crucial de la vida, el «hombre de fe» supera al
«hombre de ciencia». La trascendencia se abre paso y, a pesar
de cierto sincretismo y del homenaje a todos los credos (la
vidriera con símbolos de todas las religiones), lo hace en
clave cristiana. No en vano la figura del Resucitado aguarda a
los «perdidos» cuando están a punto de alcanzar la plenitud
que se encuentra al otro lado de una capilla específicamente
católica.
Redención
La palabra «redención» viene del latín «redemptio»,
que significa «rescate». La isla es un lugar físico, real (así
se explica en este último capítulo), en el que los personajes
«son rescatados» de sus frustraciones y de su pasado, aunque
el precio que tengan que pagar sea la entrega de su propia vida
(Locke, Jack). En el cristianismo, esta «isla» es nuestro
mundo físico, en el que peregrinamos los hombres y en el que
Jesucristo «redime» en el acto de su entrega en la cruz.
Purgatorio
La última temporada se ha caracterizado por la creación
de lo que se pensaba que era una «realidad paralela» y que
finalmente se ha revelado como un «purgatorio», donde cada uno
«re-creaba» la vida que hubiera deseado vivir en el mundo:
Jack es un buen hijo y un buen padre; Kate es inocente; Sawyer
es un policía bueno, Benjamin es un cariñoso profesor...
Cuando se «reconocen» entre ellos y descubren que están en
este «purgatorio», para algunos se abre la puerta de la
resurrección y la eternidad (la «Luz» al otro lado de la
capilla), mientras que otros deben seguir «purgando» porque
todavía les quedan asuntos por resolver (Ben, Eloise, Ana Lucía...).
Esta idea es más cristiana que budista: mientras que en
el «bardo» budista se habla de un estado intermedio en el que
la conciencia crea una ilusión «mala» de la que hay que
liberarse, en la serie este proceso es «bueno» y «sanador».
Amor y perdón
El amor no sólo entendido como «eros», el amor
posesivo, sino como «agapé», el amor que busca el bien del
otro: «Jack, espero que alguien haga por ti lo que tú has
hecho por mí», dice Locke en el momento de mayor entrega. El
perdón es otra de las claves de este final, que se impone en
una de las escenas más poderosas de toda la serie: Locke, que
ha sido asesinado por Ben, se encuentra con él poco antes de ir
a la eternidad: «John, siento de veras lo que te hice: fui egoísta
y celoso, quería todo lo que tú tenías». Locke contesta: «Por
si te sirve, Ben, yo te perdono». «Gracias, John. Eso me
ayuda. Y me sirve mucho más de lo que puedas imaginar»,
Sacrificio
«Nadie tiene un amor más grande que el que da la vida
por sus amigos», dice Jesús (Jn 15, 13). Jack ofrece su vida
para salvar a los demás. Él, que nunca creyó en las
propiedades de la isla, termina por comprender a otro amigo,
Locke, que tuvo que morir para mostrarle el camino. Un
sacrificio que, al final, adquiere todo su valor y sentido. El
sacrificio también de Desmond, el personaje que nos lleva de la
mano por el buen camino: «Nos vemos en otra vida, hermano».
«Galáctica»,
otra serie de fe
«Perdidos» ha seguido las huellas de otra serie de
culto de ciencia ficción, «Galáctica», que emitió sus 83
capítulos en canales de pago de 2003 a 2009. También los
espectadores de esta serie tuvieron que esperar al último capítulo
para ver si la respuesta a los enigmas era religiosa o
materialista. Al final, como había anunciado la hermosa «Número
6», todo respondía a «un plan de Dios», la piloto Starbuck
era un ángel, las visiones del (antaño) científico ateo Gaius
Baltar eran reales y las profecías se cumplían. Son series que
enganchan a millones y que hablan de fe.