Un
presente llamado Jesús
Miguel
Ángel Atanasio | jem@arcol.org Cuenta
un relato del judaísmo hasídico que el ángel Gabriel fue enviado por
Dios para conceder el don de la vida eterna al que tuviese un momento de
tiempo para recibirlo. Pero el ángel pasó y repasó por la tierra sin
fortuna. Al final, volvió al cielo y dijo a Dios: “Señor, todos tenían
un pie en el pasado y otro en el futuro. ¡No he encontrado a nadie que
tuviese tiempo!”. En
estos días de descanso, cuando el barullo nos deja libres, nuestros
sentimientos nos arrastran suavemente a un pasado inmutable o a un
futuro incierto y contingente. Nos replegamos en el pasado cuando
recordamos que este año sí íbamos a bajar de peso y a hacer deporte
todas las semanas. Este año sí dedicaríamos más tiempo a conversar
con nuestra esposa, a jugar con nuestros hijos. Este año sí dejaríamos
de relamer las antiguas e inevitables heridas de nuestras relaciones
personales… Huimos
hacia el futuro al soñar que el año que viene vamos a pintar la casa,
que ahora sí vamos a poner un poco de orden en los libros, que
finalmente alguno de nuestros propósitos o un buen número de nuestras
infinitas tareas pasarán a la lista de “cumplidas”… No
afirmo que repasar nuestro pasado o proyectarnos en el futuro sea en sí
mismo malo. Es el drama eterno del hombre que percibe con ansiedad la
distancia que lo separa de sus propios ideales, mientras pasa el tiempo.
Pero creo que esta reflexión es fructuosa en la medida en que
compromete nuestro presente e influye en él. Según
C.S. Lewis, hay algo del maligno en nuestra pertinaz evasión del
presente. El viejo diablo escribe estas líneas a su sobrino: “porque
el presente es el punto en el que el tiempo coincide con la eternidad.
Del momento presente, y sólo de él, los humanos tienen una experiencia
análoga a la que nuestro Enemigo – Dios – tiene de la realidad como
un todo; sólo en el presente la libertad y la realidad le son
ofrecidas. En consecuencia, Él los tendría continuamente preocupados
por la eternidad (lo que equivale a preocupados por Él) o por el
presente; o meditando acerca de su perpetua unión con, o separación de
Él, o si no obedeciendo a la voz presente de su conciencia, soportando
la cruz presente, recibiendo la gracia presente, dando gracias por el
placer presente. Nuestra tarea es alejarles de lo eterno y del
presente”. También ahora un ángel del Señor recorre nuestro mundo. Nos encuentra nostálgicos, soñadores, embotados en mil preocupaciones. Ojalá que en estos días nos concedamos un tiempo para apreciar con sencillez la vida presente, el amor presente, la salud presente, el dolor presente. A pesar de todo, descubriremos innumerables gracias y bendiciones. Quizá la puerta de nuestro corazón comience a abrirse. Recibiremos entonces aquel gran Presente que da sentido a todos nuestros afanes.
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