Una Iglesia calladita y unos
cristianos timoratos
Por José Francisco Serrano Oceja
Desde que la democracia es democracia en España, los obispos, cuando se
aproxima una jornada electoral, tienen la sana costumbre de hacer pública una
declaración o nota con la que ofrecen criterios morales de orientación del
juicio de la conciencia cristiana ante las cuestiones más urgentes del momento.
Han sido estos textos síntesis apreciadísimas, motivo y
argumento de reflexión para no pocos cristianos, de aplicación de la doctrina
social de
Los obispos del sur de España han publicado ya su
argumentario de orientación de la conciencia cristiana ante las elecciones del
9 de marzo. Unos comicios en los que nos jugamos mucho más que la continuidad
del desgobierno de Zapatero; decidiremos, mal que nos pese, el futuro del
proyecto de disolución ética de la sociedad española, amén de la implantación
definitiva de las bases de un totalitarismo de Estado que utiliza el
relativismo moral inoculando en las nuevas generaciones, a través de la
educación, para así seguir manipulando las conciencias y hacer de los
ciudadanos sujetos acríticos y débiles actores de su libertad frente a los
poderes. Los obispos del sur de España lo han dicho con meridiana claridad:
Los inmensos medios que el poder pone hoy en manos de los
responsables políticos hace que la tentación de manipular a la sociedad, y de
reducir el gobierno de los hombres a un control cada vez más minucioso y
estricto de todas las dimensiones de la vida, incluso de la conciencia, sea una
tentación muy fuerte, a la que se cede con frecuencia. La libertad es un bien
frágil. El peligro del totalitarismo, aún con apariencia democrática, es un
peligro muy real en nuestro mundo, al que están expuestos todos los partidos
políticos, y no sólo en España.
La tutela de la vida desde su concepción hasta su muerte
natural, el aborto, la píldora abortiva del día después, la eutanasia, la
educación, el desarrollo de un agresivo laicismo de Estado o la pulsión por
silenciar a
La economía será importante, claro que lo será. Pero por
primera vez en la historia, la impunidad con que el Gobierno socialista ha
querido destapar los fantasmas de la cuestión ética y religiosa de la historia
de España hará que no pocos de los ideólogos de la izquierda quieran hacer de
estas elecciones la decisión sobre un proyecto moral. De ahí la agitada
movilización del electorado de izquierda en las últimas semanas a costa de
Los obispos siempre han hablado claro. Esperemos que también
lo hagan en esta ocasión. Ejemplos tienen, como el del titular de la diócesis de
Tarazona, que en una reciente carta pastoral sobre la familia cristiana
señalaba que "un matrimonio joven cristiano no estará dispuesto a dar los
votos a quienes no defiendan la familia, tal como Dios la ha diseñado. Si para
ganar votos ese partido promueve o tolera el divorcio, o la uniones
homosexuales, o el aborto, o la píldora del día después, o la manipulación de
embriones, ese partido, sea de derechas o de izquierdas, no merece el voto de
una familia cristiana".
En las primeras vísperas de
Mientras, el que fuera arzobispo de Pamplona, monseñor
Fernando Sebastián, y artífice de
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