Una
voz más allá de las estrellas
Juan
Jesús Riveros José
María Pemán tiene unos versos que expresan la verdadera forma de
vivir: «Todo el arte de vivir/ con paz y resignación /está en
saber alegrarse /con cada rayo de sol». La
vida es para ser feliz y alegrarnos, aunque todo parezca que va al revés.
«Abrirse a la vida a pesar de las dificultades, agradecer lo que uno
tiene y pensar en positivo, porque si tienes un problema siempre va a
haber una solución», es lo que decía Juan Diego Alarcón cuando tenía
trece años. Y
¿quién es Juan Diego? Se estrenó sobre los palcos con diez años y su
voz no ha parado de cantar. Actualmente tiene 21 años y sigue cantando.
Pero, lo que hace especial a Juan Diego, es su tenacidad y su visión de
la vida. Nacido
en Quito, Ecuador, en 1987, teniendo él tres años, su familia se
trasladó a Santiago de Chile. Hasta ese momento parecía un niño
normal. Sólo padecía de cierta dificultad al subir las escaleras que
los médicos diagnosticaron como “Distrofia Muscular Duchenne”. Esta
enfermedad debilita los músculos hasta hacerlos tan débiles que ya no
sostienen el propio cuerpo, deforma las extremidades poco a poco, y
lleva a problemas respiratorios, del corazón, etc. Esta situación
afectó mucho a toda la familia, pero, en ese momento fue cuando comenzó
el gran desafío de Juan Diego. Aficionado
de las canciones de Topo Gigio y Mazapán, poco a poco fue
descubriendo el talento que tenía y cómo podía sacarle el mayor
provecho. A
los siete años comenzó a usar silla de ruedas; las continuas caídas
por debilidad hacía necesario dar este paso. Estudiaba en el International
Preparatory School, de Santiago de Chile. La
alegría que irradiaba lo llevó a hacerse muchos amigos. Para él lo más
importante era cantar. Y ¿la enfermedad? Nunca fue algo negativo: «yo
no me pregunto por qué a mí, sino para qué a mí», dice él mismo. Comenzó
a asistir a sesiones de terapia en el Instituto Teletón, donde conoció
a Gerson, muchacho peruano que se encargaba de su cuidado físico, y que
también era amante de la música. Compartiendo mucho tiempo juntos,
aprovechaban para cantar y lo que parecía un pasatiempo se convirtió
en un desafío. Con
diez años, comenzó a cantar en público. En la cena de despedida de un
Seminario de Distrofia Muscular en Estados Unidos le tocó entonar:
“Yo creo que puedo volar”. Después,
compartió escenario con el cantante Alberto Plaza, en su gira por
Ecuador, donde aprovecharon para ir a la Fundación Guayasamín,
donde dedicaron sus canciones a un grupo de personas discapacitadas. De
aquí, Juan Diego sacaría la idea de comenzar la “Casa de la Alegría”,
lugar donde se pueden presentar conciertos, teatros, etc. con todas las
posibilidades para los minusválidos, y su propia fundación, "Fundación
Juan Diego, más allá de las estrellas", para integrar y
promocionar a personas con alguna discapacidad. En
el año 2001, lanzó en Ecuador su primer disco, titulado “Más allá
de las estrellas”. Este sería el comienzo de una serie de
acontecimientos: fue segundo lugar en el concurso literario "The
Goic Peace", organizado por la Unesco; el Congreso Nacional de
Ecuador lo condecoró como ejemplo para la humanidad; la Organización
Mundial de la Salud lo condecoró con el premio “Campeón de la
Salud”; ha cantado en varios países: participó en el Día
Mundial de la Discapacidad, fue invitado a cantar en la elección de la
Miss Quito, fue invitado a Francia para participar en el Teletón… Es
más, el pasado 17 de diciembre presentó su segundo disco: “…Y
sigo” (que en la contratapa continúa: “…gracias a
Dios”)… Cada
día es un nuevo amanecer. Las dificultades siempre estarán ahí, pero
la alegría con que las afrontamos son la señal que siempre podemos ir
adelante; son la señal de que el futuro siempre será mejor; son la señal
de que hay alguien que nos ama y que nos espera con los brazos abiertos.
No importa cómo estemos hoy, ni el peso del fardo que llevamos. Como
Juan Diego, siempre podemos ir más allá de las estrellas.
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