Vida Espiritual:

¡Ven Espíritu Santo y quédate con nosotros!

 

El 11 de mayo del año en curso (2008) celebraremos la solemnidad de Pentecostés, aquel hecho bíblico donde el Espíritu Santo se hizo presente en medio de los discípulos para quitarles el miedo de salir a dar testimonio de Jesús. Al celebrar el acontecimiento de Pentecostés conviene reflexionar sobre la persona del Espíritu Santo, es decir, recordar quién es Él y qué desea de nosotros.

 

El Espíritu Santo es quien nos proporciona la fuerza necesaria para mantenernos firmes en Cristo y, de esta manera, poder hacer frente a las dificultades y a cuantas circunstancias se nos presenten. Necesitamos dejarnos llevar por el Espíritu Santo ya que Él tiene la misión de conducirnos hacía la vida eterna, por esta razón, debemos evitar cerrarnos en nosotros mismos para permitir que Él nos enseñe lo que es el amor verdadero, aquel amor que nos motiva a trabajar por un mundo más humano donde la alegría y la esperanza sean más fuertes que el dolor y la indiferencia.

 

El amor que une a Dios Padre con su Hijo es el Espíritu Santo, de hecho, Él es quien nos une a Jesús para que lo imitemos y seamos felices sabiendo que el Padre Celestial nos ama sin medida porque nos ha creado. El Espíritu Santo posee la clave de la verdadera felicidad, aquella que se va construyendo día a día en el trabajo, en la escuela, en la familia, en los momentos de sana diversión etc.

 

El Espíritu Santo solo se adentra en la vida de las personas que se lo permiten ya que Él respeta nuestra libertad y jamás entraría en un alma que abiertamente lo rechace. Es impresionante cómo Dios se somete a nuestra propia libertad, es decir, nos anuncia que el camino del bien es el único que nos llevará a la salvación pero nunca nos obliga a tomarlo porque entonces dejaríamos de ser humanos para convertirnos en títeres.

 

Lo que el Espíritu Santo quiere de nosotros es que seamos plenamente felices. Aquellos que piensan que Dios disfruta vernos sufrir se equivocan pues el Divino Espíritu, aunque nos permite vivir ciertos dolores producto de las dificultades, nunca nos dejará estacionados en el vacío del dolor ya que Él quiere hacernos plenamente felices.

 

Es cierto que no es fácil vencer nuestros propios pecados para invertir la vida en una causa donde lo importante es amar y estar dispuestos a trabajar a favor de los demás, sin embargo, una vez que dejemos que el Espíritu Santo sea parte de nuestra historia personal, seremos capaces de invertir nuestra vida en la causa de Jesús porque habremos sido conquistados por el amor de Dios, aquel amor que nunca se acaba.

 

Necesitamos generar un nuevo Pentecostés en aquellas comunidades de escasos recursos a través de apostolados que ayuden a dichas zonas a salir de la pobreza, necesitamos también generar un nuevo Pentecostés en la Iglesia para que logremos que más personas se enamoren de los ideales de Cristo.

 

El Espíritu Santo es el fiel compañero que nunca nos dejará cuando la situación se complique porque para Él somos su todo. Un alma que no acepta el camino del bien y que sola se va alejando del amor de Dios provoca una gran tristeza al Espíritu Santo porque Él solo desea hacernos plenamente felices y dicha felicidad solo puede darse en el camino del bien. ¡Ven Espíritu Santo y quédate con nosotros para que, desde nuestra vocación, sepamos responder a tu llamada amorosa!.

 

Carlos Díaz Rodríguez,  joven laico de la Familia de la Cruz