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Vía Crucis en
el Coliseo 2008 Presidido por el Papa, con meditaciones del
cardenal chino Joseph Zen Ze-Kiun ROMA, jueves, 20 marzo 2008 (ZENIT.org).- Publicamos el
texto del Vía Crucis que se recitará en la noche de este Viernes Santo en el
Coliseo de Roma, bajo la presidencia del Papa, con meditaciones y oraciones
escritas por el cardenal Joseph Zen Ze-Kiun, S.D.B., obispo de Hong Kong. OFICINA PARA LAS
CELEBRACIONES LITÚRGICAS DEL SUMO PONTÍFICE VÍA CRUCIS EN EL COLISEO PRESIDIDO POR EL
SANTO PADRE BENEDICTO XVI VIERNES SANTO 2008 meditaciones y
oraciones de su eminencia
reverendísima Cardenal JOSEPH ZEN
ZE-KIUN, S.D.B. Obispo de Hong Kong PRESENTACIÓN Cuando Su Santidad el Papa Benedicto XVI me
pidió que preparase las meditaciones para el Via Crucis del Viernes
Santo de este año en el Coliseo, no dudé lo más mínimo en aceptar esta tarea.
Entendí que con este gesto el Santo Padre quería manifestar su atención por
el continente asiático, e incluir en particular en este ejercicio solemne de
piedad cristiana a los fieles de China, que tienen una gran devoción al Via
Crucis. El Papa quiso que yo llevara al Coliseo la voz de aquellos
hermanos y hermanas lejanos. Sin duda, como nos enseñan los Evangelios y
la tradición de Obviamente, esta noche en el Coliseo no
estamos sólo nosotros. En el corazón del Santo Padre y en nuestros corazones
están presentes todos los «mártires vivientes» del siglo veintiuno. «Te
martyrum candidatus laudat exercitus». Pensando en la persecución, pensamos también
en los perseguidores. Al escribir el texto de estas meditaciones me he dado
cuenta con gran sobresalto de ser poco cristiano. He tenido que hacer un gran
esfuerzo para purificarme de sentimientos poco caritativos para con los que
hicieron sufrir a Jesús y los que, en el mundo actual, hacen sufrir a
nuestros hermanos. Sólo cuando he puesto ante mí mis pecados y mis
infidelidades, me he podido ver a mí mismo entre los perseguidores y me ha
embargado el arrepentimiento y la gratitud por el perdón del Maestro
misericordioso. Meditemos, pues, cantemos y recemos a Jesús
y con Jesús por los que sufren a causa de su nombre, por los que le hacen
sufrir a Él y a sus hermanos y por nosotros mismos, pecadores y algunas veces
también sus perseguidores. ORACIÓN INICIAL El Santo Padre: En el nombre del Padre y del Hijo y del
Espíritu Santo. R/. Amén. Jesús Salvador, estamos reunidos en este día, a esta hora y en este lugar, que nos recuerda tantos siervos y siervas
tuyos, que hace siglos, entre el rugido de los
leones hambrientos y los gritos de la muchedumbre que se
divertía, se dejaron desmembrar y golpear hasta la
muerte por su fidelidad a tu
nombre. Nosotros, venimos hoy aquí para expresarte a
Ti la gratitud de tu Iglesia por el don de la
salvación alcanzada mediante tu Pasión. Los Coliseos se han ido multiplicando
a lo largo de los siglos, allí donde nuestros hermanos, como continuación de
tu Pasión, son todavía hoy perseguidos duramente en diversas partes del
mundo. Junto a ti y con nuestros hermanos perseguidos de todo el mundo,
comenzamos hondamente conmovidos este camino de PRIMERA ESTACIÓN Jesús en el Huerto de
los Olivos V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi. R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti
mundum. Lectura del Evangelio según San Marcos. 14,
32-36 Fueron a una finca, que llaman Getsemaní, y
dijo a sus discípulos: «Sentaos aquí mientras voy a orar». Se llevó a Pedro,
a Santiago y a Juan, empezó a sentir terror y angustia, y les dijo: «Me muero
de tristeza: quedaos aquí velando». Y, adelantándose, un poco, se postró en
tierra pidiendo que, si era posible, se alejase de él aquella hora; y dijo:
«Abbá! (Padre): tú lo puedes todo, aparta de mí ese cáliz. Pero no lo que yo
quiero, sino lo que tú quieres». MEDITACIÓN Jesús sentía miedo, angustia y tristeza
hasta el punto de morir. Eligió a tres compañeros, pero que muy pronto se
durmieron, y comenzó a rezar Él sólo: «Pase de mí esta hora, aparta de mí
este cáliz... Pero, Padre, que se haga su voluntad». Había venido al mundo para hacer la voluntad
del Padre, pero nunca como en aquel momento comprobó lo profundo de la
amargura del pecado, y se sintió perdido. En En tantas partes del mundo ORACIÓN Jesús, Dios Omnipotente, que te has hecho
débil a causa de nuestros pecados, te resultan familiares los gritos de los
perseguidos, que son eco de tu agonía. Ellos preguntan: ¿Por qué esta
opresión? ¿Por qué esta humillación? ¿Por qué esta prolongada esclavitud? Vuelven a la mente las palabras del Salmo:
«Despierta, Señor, ¿por qué duermes? Levántate, no nos rechaces más. ¿Por qué
nos escondes tu rostro y olvidas nuestra desgracia y opresión? Nuestro
aliento se hunde en el polvo, nuestro vientre está pegado al suelo. Levántate
a socorrernos» (Sal 43, 24-26). No, Señor. Tú no has usado este Salmo en
Getsemaní, pero has dicho: «Hágase tu voluntad». Podrías haber convocado doce
legiones de ángeles, pero no lo hiciste. Señor, el sufrimiento nos da miedo. Se nos
presenta de nuevo la tentación de aferrarnos a los medios fáciles del éxito.
Haz que no tengamos miedo del miedo, sino que confiemos en ti. + Todos: Pater noster, qui es in cælis: sanctificetur nomen tuum; adveniat regnum tuum; fiat voluntas tua, sicut in cælo, et
in terra. Panem nostrum cotidianum da nobis hodie; et dimitte nobis debita nostra, sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;
et ne nos inducas in tentationem; sed libera nos a malo. Stabat mater dolorosa, iuxta crucem lacrimosa, dum pendebat Filius. SEGUNDA ESTACIÓN Jesús, traicionado
por Judas, es arrestado V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi. R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti
mundum. Lectura del Evangelio según San Marcos. 14,
43a.45-46.50-52 Todavía estaba hablando cuando se presentó
Judas, uno de los Doce. Y en cuanto llegó, se acercó y le dijo: «¡Maestro!» Y lo besó. Ellos le echaron mano y lo
prendieron. Los discípulos lo abandonaron y huyeron. Lo iba siguiendo un
muchacho envuelto sólo en una sábana; y le echaron mano; pero él, soltando la
sábana, se les escapó desnudo. MEDITACIÓN Traición y abandono por parte de aquellos
que Él había elegido como apóstoles, a los cuales había confiado los secretos
del Reino, y en los que había puesto total confianza. Un rotundo fracaso.
¡Qué dolor y qué humillación! Pero todo esto sucedió como cumplimiento de
lo que habían dicho los profetas. De otra manera, ¿cómo se hubiera podido
conocer la fealdad del pecado, que es justamente traición al amor? La traición sorprende, sobre todo si se
refiere a los pastores del rebaño. ¿Cómo pudieron hacerle esto a Él? El
espíritu es fuerte, pero la carne es débil. Las tentaciones, las amenazas y
chantajes, doblegan la voluntad. Pero ¡qué escándalo! ¡Qué dolor para el
corazón del Señor! No nos escandalicemos. Las defecciones nunca
han faltado en las persecuciones. Y después se han producido con frecuencia
los regresos. En aquel joven, que arrojó la sábana y huyó desnudo (cf. Mc
14, 51-52), intérpretes autorizados han visto al futuro evangelista Marcos. ORACIÓN Señor, quien huye de tu Pasión queda sin
dignidad. Ten piedad de nosotros. Nosotros nos desnudamos ante tu majestad.
Te mostramos nuestras llagas, las más vergonzosas. Jesús, abandonarte a Ti es abandonar el sol.
Al intentar desembarazarnos del sol, caemos en la oscuridad y el frío. Padre, nos hemos alejado de tu casa. No
somos dignos de ser recibidos de nuevo por Ti. Pero Tú mandas que nos laven,
nos vistan, nos calcen y nos pongan un anillo en el dedo. + Todos: Pater noster, qui es in cælis: sanctificetur nomen tuum; adveniat regnum tuum; fiat voluntas tua, sicut in cælo, et
in terra. Panem nostrum cotidianum da nobis hodie; et dimitte nobis debita nostra, sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;
et ne nos inducas in tentationem; sed libera nos a malo. Cuius animam gementem, contristatam et dolentem pertransivit gladius. TERCERA ESTACIÓN Jesús es condenado
por el Sanedrín V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi. R. Quia por sanctam crucem tuam redemisti
mundum. Lectura del Evangelio según San Marcos. 14,
55.61b-62a.64b Los sumos sacerdotes y el sanedrín en pleno
buscaban un testimonio contra Jesús, para condenarlo a muerte; y no lo
encontraban. El sumo sacerdote lo interrogó preguntándole: «¿Eres
tú el Mesías, el Hijo de Dios bendito?» Jesús contestó: «Sí lo soy».Y todos
los declararon reo de muerte. MEDITACIÓN El Sanedrín era la corte de justicia del
pueblo de Dios. Ahora, esta corte condena a Cristo, el Hijo de Dios bendito,
y lo juzga reo de muerte. El inocente es condenado «porque ha
blasfemado», declaran los jueces rasgándose las vestiduras. Pero nosotros
sabemos por el Evangelista que lo hicieron por
envidia y odio. San Juan dice que, en el fondo, el sumo
sacerdote habló en nombre de Dios: únicamente dejando condenar a su Hijo
inocente, Dios Padre pudo salvar a sus hermanos culpables. A lo largo de los siglos, multitud de
inocentes han sido condenados a sufrimientos atroces. Hay quien clama
justicia, pero son ellos, los inocentes, quienes expían los pecados del
mundo, en comunión con Cristo, el Inocente. ORACIÓN Jesús, Tú no te preocupas de hacer brillar
tu inocencia, estando entregado sólo a volver a dar al hombre la justicia que
perdió por el pecado. Éramos tus enemigos, no había modo de
cambiar nuestra condición. Tú te hiciste condenar para darnos el perdón.
Salvador, no dejes que caigamos en la condenación en el último día. «Iudex ergo cum sedebit, quicquid latet apparebit ;
nil inultum remanebit. Iuste iudex ultionis, donum fac remissionis ante diem
rationis». + Todos: Pater noster, qui es in cælis: sanctificetur nomen tuum; adveniat regnum tuum; fiat voluntas tua, sicut in cælo, et
in terra. Panem nostrum cotidianum da nobis hodie; et dimitte nobis debita nostra, sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;
et ne nos inducas in tentationem; sed libera nos a malo. O quam tristis et afflicta fuit illa benedicta mater Unigeniti! CUARTA ESTACIÓN Jesús es negado por
Pedro V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi. R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti
mundum. Lectura del Evangelio según San Marcos. 14,
66-68.72 Mientras Pedro estaba abajo en el patio,
llegó una criada del sumo sacerdote y, al ver a Pedro calentándose, lo miró
fijamente y dijo: «También tú andabas con Jesús el Nazareno». El lo negó
diciendo: «Ni sé ni entiendo lo que quieres decir» ...
Y en seguida, por segunda vez, cantó el gallo. Pedro se acordó de las
palabras que la había dicho Jesús: «Antes de que cante el gallo dos veces, me
habrás negado tres», y rompió a llorar. MEDITACIÓN «Aunque tenga que morir contigo, no te
negaré» (Mc 14, 31). Pedro era sincero cuando decía esto, pero no se
conocía a sí mismo, no conocía su debilidad. Era generoso, pero había
olvidado contar con la generosidad del Maestro. Pretendía morir por Jesús,
mientras era Jesús quien debía morir por él para salvarlo. Al hacer de Simón La «piedra»... para fundar
sobre ella Jesús non mudó su elección de Pedro como
fundamento de su Iglesia. Después del arrepentimiento, se concedió a Pedro la
capacidad de confirmar a sus hermanos. ORACIÓN Señor, cuando Pedro habla iluminado por la
revelación del Padre, te reconoce como Cristo, Hijo de Dios vivo. En cambio,
cuando se fía de su razón y de su buena voluntad, se transforma en obstáculo
para tu misión. La presunción le lleva a renegar de ti, su Maestro, en
cambio, el arrepentimiento humilde lo confirma como la roca sobre la cual tú
edificas tu Iglesia. La decisión de confiar la continuación de la obra de la
salvación a hombres débiles y vulnerables manifiesta tu sabiduría y poder. Señor, protege a los hombres que has
elegido, para que las puertas del infierno no prevalezcan sobre tus siervos. Dirige tu mirada sobre todos nosotros, como
aquella noche hiciste con Pedro, después del canto del gallo. + Todos: Pater noster, qui es in cælis: sanctificetur nomen tuum; adveniat regnum tuum; fiat voluntas tua, sicut in cælo, et
in terra. Panem nostrum cotidianum da nobis hodie; et dimitte nobis debita nostra, sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;
et ne nos inducas in tentationem; sed libera nos a malo. Quæ mærebat et dolebat Pia mater, cum videbat Nati pœnas incliti. QUINTA ESTACIÓN Jesús es juzgado por
Pilatos V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi. R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti
mundum. Lectura del Evangelio según San Marcos. 15,
12-15 Pilato tomó de nuevo la palabra y les
preguntó: «¿Qué hago con el que llamáis rey de los
judíos?» Ellos gritaron de nuevo: «Crucifícalo». Pilato les dijo: «Pues ¿qué
mal ha hecho?» Ellos gritaron más fuerte: «Crucifícalo». Y Pilato, queriendo
dar gusto a la gente, les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo,
lo entregó para que lo crucificaran. MEDITACIÓN Pilato parecía poderoso, tenía derecho sobre
la vida y la muerte de Jesús. Se complacía en ironizar sobre el «Rey de los
Judíos», pero en realidad era débil, cobarde y servil. Temía al emperador
Tiberio, temía al pueblo y a aquellos sacerdotes, a pesar de que los
despreciaba en su corazón. Entregó a Jesús para que lo crucificaran, aún
sabiendo que era inocente. En su intento veleidoso de salvar a Jesús,
dejó libre incluso a un peligroso homicida. Inútilmente buscaba lavarse las manos que le
chorreaban de sangre inocente. Pilato es la imagen de todos los que
detentan la autoridad como instrumento de poder y no se preocupan de la
justicia. ORACIÓN Jesús, al declararte valientemente como rey,
intentaste despertar en Pilato la voz de su conciencia. Ilumina la conciencia
de tantas personas constituidas en autoridad, para que reconozcan la
inocencia de tus seguidores. Dales el valor de respetar la libertad
religiosa. La tentación de adular al poderoso y de oprimir
al débil está muy difundida. Y los poderosos son aquellos que han sido
constituidos en autoridad, los que controlan el comercio y los medios de
comunicación; pero existe también la gente que se deja manipular fácilmente
por los poderosos para oprimir a los débiles. ¿Cómo fue posible que aquella
gente, que te habían conocido como un amigo lleno de compasión y que sólo
hizo el bien a todos, gritara «Crucifícalo»? + Todos: Pater noster, qui es in cælis: sanctificetur nomen tuum; adveniat regnum tuum; fiat voluntas tua, sicut in cælo, et
in terra. Panem nostrum cotidianum da nobis hodie; et dimitte nobis debita nostra, sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;
et ne nos inducas in tentationem; sed libera nos a malo. Quis est homo qui non fleret, matrem Christi si videret in tanto supplicio? SEXTA ESTACIÓN Jesús es flagelado y
coronado de espinas V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi. R. Quia por sanctam crucem tuam redemisti
mundum. Lectura del Evangelio según San Marcos. 15,
15b.17-19 Pilato, después de azotarlo, lo entregó para
que lo crucificaran. Los soldados lo vistieron de púrpura, le pusieron una
corona de espinas que habían trenzado, y comenzaron a hacerle el saludo: «¡Salve, rey de los judíos!». Le golpearon la cabeza con
una caña, le escupieron; y, doblando las rodillas, se postraban ante él. MEDITACIÓN La flagelación usada en aquella época, era
un castigo terrible. El horrible flagellum de los Romanos
arrancaba la carne a pedazos. Y la corona de espinas, además de causar
dolores agudísimos, constituía también una burla a la realeza del divino
Prisionero, así como los escupitajos y los puñetazos. Torturas tremendas siguen surgiendo de la
crueldad del corazón humano, y las de tipo psíquico non son un tormento menor
que las corporales, y frecuentemente las mismas víctimas se convierten en
verdugos. ¿Carecen de sentido tantos sufrimientos? ORACIÓN No, Jesús; eres tú quien sigues reuniendo y
santificando todos los sufrimientos: de los enfermos, de los que mueren
llenos de penalidades, de todos los discriminados; pero los sufrimientos que
destacan por encima de todos son aquellos sufridos por tu nombre. Por los sufrimientos de los mártires,
bendice a tu Iglesia; que su sangre sea semilla de nuevos cristianos. Creemos
firmemente que sus sufrimientos, aunque en un principio pueden aparecer como
una derrota completa, traerán la verdadera victoria a tu Iglesia. Señor,
otorga la perseverancia a nuestros hermanos perseguidos. + Todos: Pater noster, qui es in cælis: sanctificetur nomen tuum; adveniat regnum tuum; fiat voluntas tua, sicut in cælo, et
in tierra. Panem nostrum cotidianum da nobis hodie; et dimitte nobis debita nostra, sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;
et ne nos inducas in tentationem; sed liberanos a malo. Quis no posset contristari, piam matrem contemplari, dolentem cum Filio? SÉPTIMA ESTACIÓN Jesús es cargado con
la cruz V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi. R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti
mundum. Lectura del Evangelio según San Marcos. 15,
20 Terminada la burla, le quitaron la púrpura y
le pusieron su ropa. Y lo sacaron para crucificarlo. MEDITACIÓN La cruz, el gran símbolo del cristianismo,
se ha transformado de instrumento de castigo ignominioso en un estandarte
glorioso de victoria. Existen ateos llenos de valor dispuestos a
sacrificarse por la revolución: están dispuestos a abrazar la cruz, pero sin
Jesús. Entre los cristianos existen «ateos» de hecho que quieren a Jesús,
pero sin la cruz. Ahora, sin Jesús la cruz resulta insoportable y sin la cruz
no se puede pretender estar con Jesús. Abracemos la cruz y abracemos a Jesús y con
Jesús abracemos a todos nuestros hermanos que sufren y son perseguidos. ORACIÓN ¡Oh, divino Redentor!, con qué ímpetu abrazaste
la cruz, que desde tanto tiempo habías deseado. Ella pesa sobre tus espaldas
llagadas, pero es sostenida por un corazón lleno de amor. Los grandes santos han entendido tan
profundamente el valor salvífico de la cruz hasta el punto de exclamar: «O
padecer o morir». Concédenos acoger al menos tu invitación a llevar la cruz
detrás de Ti. Tú has preparado para cada uno de nosotros una cruz a nuestra
medida. Tenemos en la mente la imagen del Papa Juan Pablo II, que sube al
«Monte de las cruces», en Lituania. Cada una de aquellas cruces tiene una
historia que contar, historia de dolor y de gozo, de humillación y de
triunfo, de muerte y de resurrección. + Todos: Pater noster, qui es in cælis: sanctificetur nomen tuum; adveniat regnum tuum; fiat voluntas tua, sicut in cælo, et
in terra. Panem nostrum cotidianum da nobis hodie; et dimitte nobis debita nostra, sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;
et ne nos inducas in tentationem; sed libera nos a malo. Quis non posset contristari, Piam matrem contemplari dolentem cum Filio? OCTAVA ESTACIÓN Jesús es ayudado por
el Cireneo a llevar V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi. R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti
mundum. Lectura del Evangelio según San Marcos. 15,
21 Y a uno que pasaba, de vuelta del campo, a
Simón de Cirene, el padre de Alejandro y de Rufo, lo forzaron a llevar la
cruz de Jesús. MEDITACIÓN Simón de Cirene venía del campo. Se tropezó
con el cortejo de muerte y lo forzaron a llevar la cruz junto a Jesús. En un segundo momento, él corroboró este
servicio, se mostró feliz de haber podido ayudar al pobre Condenado y llegó a
ser uno de los discípulos en ORACIÓN Amado Jesús, Tú probablemente mostraste al
Cireneo tu gratitud por su ayuda, mientras la cruz en realidad fue causada
por él y por cada uno de nosotros. Así, Jesús, nos lo agradeces cada vez que
ayudamos a los hermanos a llevar la cruz, mientras no hacemos más que cumplir
con nuestro deber de expiar por nuestros pecados. Eres Tú, Jesús, quien está al comienzo de
este círculo de compasión. Tú llevas nuestra cruz, de tal manera que seamos
capaces de ayudarte en tus hermanos a llevar la cruz. Señor, como miembros de tu cuerpo, nos
ayudamos mutuamente a llevar la cruz y admiramos el ejército inmenso de
cireneos que, aunque sin tener todavía la fe, han aliviado generosamente tus
sufrimientos en tus hermanos. Cuando ayudemos a los hermanos de + Todos: Pater noster, qui es in cælis: sanctificetur nomen tuum; adveniat regnum tuum; fiat voluntas tua, sicut in cælo, et
in terra. Panem nostrum cotidianum da nobis hodie; et dimitte nobis debita nostra, sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;
et ne nos inducas in tentationem; sed libera nos a malo. Tui Nati vulnerati, tam dignati pro me pati, pœnas mecum divide. NOVENA ESTACIÓN Jesús encuentra a las
mujeres de Jerusalén V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi. R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti
mundum. Lectura del Evangelio según San Lucas. 23,
27-28 Le seguía una gran multitud del pueblo y
mujeres que se dolían y se lamentaban por él. Jesús, volviéndose a ellas,
dijo: «Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí; llorad más bien por vosotras y
por vuestros hijos». MEDITACIÓN Las mujeres, las madres obtienen de su amor
una inmensa capacidad de aguante en el sufrimiento. Sufren por culpa de los
hombres, sufren por sus hijos. Recordamos las madres de tantos jóvenes
perseguidos y hechos prisioneros por causa de Cristo. ¡Cuántas largas noches
han pasado esas madres en vigilia y con lágrimas! Recordamos las madres que,
corriendo el riesgo de ser arrestadas o perseguidas, han perseverado en la
oración en familia, cultivando en el corazón la esperanza de tiempos mejores. ORACIÓN Jesús, al igual que, a pesar de tus
sufrimientos, te preocupaste de dirigir tu palabra a las mujeres en Tú les exhortas a no llorar por ti, sino por
ellas mismas y por sus hijos. Llorando por ti, lloran sufrimientos que
llevan la salvación a la humanidad y son, por tanto, causa de gozo. En
cambio, aquello por lo que deberían llorar es por los sufrimientos causados
por los pecados, que las convierten a ellas, a sus hijos y a todos nosotros
en leños secos que merecen ser echados al fuego. Tú, Señor, enviaste a tu Madre a Lourdes y a
Fátima para recordarnos este mismo mensaje: «Haced penitencia y rezad para
apaciguar la ira de Dios». Haz que acojamos de una vez con un corazón sincero
esta invocación llena de dolor. + Todos: Pater noster, qui es in cælis: sanctificetur nomen tuum; adveniat regnum tuum; fiat voluntas tua, sicut in cælo, et
in terra. Panem nostrum cotidianum da nobis hodie; et dimitte nobis debita nostra, sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;
et ne nos inducas in tentationem; sed libera nos a malo. Eia, mater, fons amoris, me sentire vim doloris fac, ut tecum lugeam. DÉCIMA ESTACIÓN Jesús es clavado en
la cruz V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi. R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti
mundum. Lectura del Evangelio según San Marcos. 15,
25.31.34 Era media mañana cuando lo crucificaron. Los
sumos sacerdotes se burlaban también de él diciendo: «A otros ha salvado y a
sí mismo no se puede salvar». Y a la media tarde, Jesús clamó con voz
potente: «Eloí, Eloí, lamá sabactaní» (que significa: «Dios mío, Dios mío,
¿por qué me has abandonado»?). MEDITACIÓN Jesús desnudo, clavado, en medio de dolores
inefables, ridiculizado por sus enemigos, se siente incluso abandonado por el
Padre. Es el infierno que merecen nuestros pecados. Jesús ha permanecido en
la cruz, no se ha liberado. En Él se han cumplido las profecías del
Siervo doliente: «Sin figura, sin belleza... sin aspecto atrayente... Lo
estimamos leproso, herido de Dios... Todos errábamos como ovejas, cada uno
siguiendo su camino, y el Señor cargó sobre Él todos nuestros crímenes.
Maltratado, voluntariamente se humillaba y no abría la boca; como un cordero
llevado al matadero, como oveja ante el esquilador» (Is 53, 2.4.6-7). ORACIÓN Jesús crucificado, no en el Tabor sino en el
Calvario, Tú nos has revelado tu verdadero rostro, el rostro de un amor que
ha llegado hasta el límite. Hay quien por respeto quiere representarte
cubierto por un manto real también sobre la cruz. Pero nosotros no tememos
mostrarte tal y como colgabas del patíbulo aquel viernes, desde el mediodía a
media tarde. Contemplarte crucificado nos lleva a
avergonzarnos de nuestras infidelidades y nos llena de gratitud por tu
misericordia infinita. ¡Oh Señor, cuánto te ha costado el habernos amado! Confiando en la fuerza que viene de tu
pasión, prometemos no ofenderte jamás. Deseamos tener un día el honor de ser
crucificados como Pedro y Andrés. Nos estimula la serenidad y el gozo que
hemos tenido la gracia de contemplar en los rostros de tus siervos fieles,
los mártires de nuestro siglo. + Todos: Pater noster, qui es in cælis: sanctificetur nomen tuum; adveniat regnum tuum; fiat voluntas tua, sicut in cælo, et
in terra. Panem nostrum cotidianum da nobis hodie; et dimitte nobis debita nostra, sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;
et ne nos inducas in tentationem; sed libera nos a malo. Fac ut ardeat cor meum in amando Christum Deum, ut sibi complaceam. UNDÉCIMA ESTACIÓN Jesús promete su
Reino al buen ladrón V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi. R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti
mundum. Lectura del Evangelio según San Lucas. 23,
33.42-43 Y cuando llegaron al lugar llamado « ron allí, a Él y a los
malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda. Uno de ellos decía:
«Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino». Jesús le respondió: «Te
lo aseguro, hoy estarás conmigo en el paraíso». MEDITACIÓN Era un malhechor. Representa a todos los
malhechores, es decir, a todos nosotros. Ha tenido la suerte de estar junto a
Jesús en el sufrimiento. Nosotros tenemos esta misma suerte. Digamos también:
«Señor, acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino». Tendremos la misma
respuesta. ¿Y los que no tienen la fortuna de estar
junto a Jesús? Jesús está cerca de ellos, de todos y cada uno. «Jesús, acuérdate de nosotros»: digámoselo
por nosotros, por nuestros amigos, por nuestros enemigos y por los
perseguidores de nuestros amigos. La salvación de todos es la verdadera
victoria del Señor. ORACIÓN Jesús, acuérdate de mí cuando, conocedor de
mi infidelidad, tenga la tentación de desesperarme. Jesús, acuérdate de mí, cuando, después de
repetidos esfuerzos, me sienta todavía en el fondo del valle. Jesús, acuérdate de mí, cuando todos se
hayan cansado de mí y nadie confíe en mí, y me encuentre solo y abandonado. + Todos: Pater noster, qui es in cælis: sanctificetur nomen tuum; adveniat regnum tuum; fiat voluntas tua, sicut in cælo, et
in terra. Panem nostrum cotidianum da nobis hodie; et dimitte nobis debita nostra, sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;
et ne nos inducas in tentationem; sed libera nos a malo. Sancta mater, istud agas, Crucifixi fige plagas cordi meo valide. DUODÉCIMA ESTACIÓN La madre y el
discípulo junto a la cruz de Jesús V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi. R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti
mundum. Lectura del Evangelio según San Juan. 19,
25-27 Junto a la cruz de Jesús estaban su madre,
la hermana de su madre, María de Cleofás y María MEDITACIÓN Jesús se olvida de sí mismo incluso en aquel
momento crucial y piensa en su Madre, piensa en nosotros. Ante todo, ¿confía
su Madre al discípulo, como parece sugerir san Juan, o más bien confía el
discípulo a En cualquier caso, para el discípulo María
será siempre ORACIÓN Jesús y María, habéis compartido totalmente
el sufrimiento: Tú, Jesús, en la cruz y tu, Madre, a los pies de la misma. La
lanza ha traspasado el costado del Salvador y la espada ha traspasado el
corazón de En realidad, hemos sido nosotros con
nuestros pecados los que hemos causado tanto dolor. Aceptad nuestro arrepentimiento, nuestra
debilidad, que siempre corre el riesgo de traicionar, renegar y desertar. Aceptad el homenaje de fidelidad de todos
los que han seguido el ejemplo de San Juan, que permaneció valientemente
junto a la cruz. Jesús y María, os doy el corazón y el alma
mía. Jesús y María, asistidme en la última agonía. Jesús y María, que entregue
en paz junto a vosotros el alma mía. + Todos: Pater noster, qui es in cælis: sanctificetur nomen tuum; adveniat regnum tuum; fiat voluntas tua, sicut in cælo, et
in terra. Panem nostrum cotidianum da nobis hodie; et dimitte nobis debita nostra, sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;
et ne nos inducas in tentationem; sed libera nos a malo. Fac me vere tecum flere, Crucifixo condolere, donec ego vixero. DECIMOTERCERA
ESTACIÓN Jesús muere en V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi. R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti
mundum. Lectura del Evangelio según San Lucas. 23,46 Y Jesús, clamando con voz potente, dijo:
«Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu». Y dicho esto, expiró. MEDITACIÓN Jesús muere realmente porque es verdadero
hombre. Entrega al Padre su último aliento. Qué precioso es el aliento. Al
primer hombre se le dio el aliento de vida, y a nosotros se nos da de un modo
nuevo en la resurrección de Jesús, para que seamos capaces de ofrecer cada
aliento a su Dador. ¡Cuánto tememos a la muerte y cómo somos esclavos de este
temor! El sentido y el valor de una vida se deciden en el modo de entregarla.
Ya para el hombre sin fe no es admisible que se aferre a la vida perdiendo su
sentido. Para Jesús, además, no hay amor más grande que el de dar la vida por
el amigo. Quien esté apegado a la vida la perderá. Quien esté dispuesto a
sacrificarla la conservará. Los mártires dan el mayor testimonio de su
amor. No se avergüenzan de su Maestro ante los hombres. El Maestro estará
orgulloso de ellos ante toda la humanidad en el último día. ORACIÓN Jesús, tú has tomado la vida humana
justamente para poderla dar. Revistiéndote de nuestra carne de pecado, Tú,
Rey inmortal, te has hecho mortal. Aceptando la muerte más trágica y oscura,
fruto extremo del pecado, has realizado el acto supremo de completa confianza
en el Padre. «In manus tuas, Domine, commendo
spiritum meum». + Todos: Pater noster, qui es in cælis: sanctificetur nomen tuum; adveniat regnum tuum; fiat voluntas tua, sicut in cælo, et
in terra. Panem nostrum cotidianum da nobis hodie; et dimitte nobis debita nostra, sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;
et ne nos inducas in tentationem; sed libera nos a malo. Vidit suum dulcem Natum morientem desolatum, cum emisit spiritum. DECIMOCUARTA ESTACIÓN
Jesús es bajado de la
cruz y puesto en el sepulcro V. Adoramus te, Christe, et benedicimus tibi. R. Quia per sanctam crucem tuam redemisti
mundum. Lectura del Evangelio según San Marco. 15,46
José de Arimatea compró una sábana y,
bajando a Jesús, lo envolvió en la sábana y lo puso en un sepulcro, excavado
en una roca. MEDITACIÓN Jesús eligió no descender vivo de la cruz
sino resucitar del sepulcro. Muerte verdadera, silencio auténtico, Imaginemos el desconsuelo de nuestros
progenitores ante el cuerpo sin vida de Abel, la primera víctima de la
muerte. Pensemos en el dolor de María, acogiendo en
su regazo a Jesús, el cual, reducido a un cúmulo de llagas, gusano más que
hombre, ya no puede corresponder a la mirada de amor de su Madre. Ahora ella
debe depositarlo en las gélidas piedras del sepulcro, después de haberlo
rápidamente limpiado y arreglado. Ahora no hay más que esperar. Parece
interminable la espera del tercer día. ORACIÓN Señor, los tres días nos parecen muy largos.
Nuestros hermanos fuertes se cansan, los débiles flaquean cada vez más,
mientras los prepotentes se yerguen jactanciosos. Señor, concede
perseverancia a los fuertes, zarandea a los débiles y convierte todos los
corazones. ¿Estamos en lo cierto de tener prisa y
pretender ver rápidamente una victoria de Haznos escuchar tu palabra, Señor: «No
tengáis miedo. Yo he vencido al mundo. No falto nunca a la cita. Estoy con
vosotros todos los días hasta el fin del mundo. Señor, aumenta nuestra fe». + Todos: Pater noster, qui es in cælis: sanctificetur nomen tuum; adveniat regnum tuum; fiat voluntas tua, sicut in cælo, et
in terra. Panem nostrum cotidianum da nobis hodie; et dimitte nobis debita nostra, sicut et nos dimittimus debitoribus nostris;
et ne nos inducas in tentationem; sed libera nos a malo. Quando corpus morietur, fac ut animæ donetur paradisi gloria. Amen. El Santo Padre dirige su palabra a los
presentes. Al final del discurso el Santo Padre imparte
BENDICIÓN V. Dominus vobiscum. R. Et cum spiritu tuo. V. Sit nomen Domini benedictum. R. Ex hoc nunc et usque in sæculum. |