VIERNES DENTRO DE LA OCTAVA DE PASCUA
De las Catequesis de Jerusalén
La unción del Espíritu Santo
GLOSA
El bautismo nos inserta en el misterio de la muerte-resurrección de Cristo y, simultáneamente, nos otorga una vida nueva por media del Espíritu Santo. Por eso, este sacramento no es una simple purificación, sólo un rito de iniciación. Se trata, sobre todo, de un verdadero nacimiento; somos engendrados por el Espíritu Santo. Entonces, en lugar de la ley antigua, aparece escrita en nuestro corazón la nueva Alianza. Resulta transformado también nuestro corazón para dejar paso a un nuevo espíritu. Pero esta realidad maravillosa se convierte en poesía vacía si iálta nuestra colaboración. Somos buenos hijos de Dios si escuchamos su palabra, si hacemos que fructifique, si nos convertimos. De otro modo, la obra del Espíritu Santo resulta vana.
Bautizados en Cristo y habiéndoos revestido de Cristo, habéis adquirido una condición semejante a la del Hijo de Dios. Pues Dios, que nos predestinó a la adopción de hijos suyos, nos hizo conformes al cuerpo glorioso de Cristo. Por esto, hechos partícipes de Cristo (que significa Ungido), no sin razón sois llamados ungidos; y refiriéndose a vosotros dijo el Señor: No toquéis a mis
ungidos.Fuisteis hechos cristos (o ungidos) cuando recibisteis el signo del Espíritu Santo, todo se realizó en vosotros en imagen, ya que sois imagen de Cristo. Él, en efecto, al ser bautizado en el río Jordán, salió del agua, después de haberle comunicado a ella el efluvio fragante de su divinidad, y entonces bajó sobre él el Espíritu Santo en persona, y se posó sobre él como sobre su semejante.
De manera similar vosotros, después que subisteis de la piscina bautismal, recibisteis el crisma, símbolo del Espíritu Santo con que fue ungido Cristo. Respecto a lo cual, Isaías, en una profecía relativa a sí mismo, pero en cuanto que representaba al Señor, dice: El Espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido; me ha enviado para dar la buena noticia a los pobres.
Cristo no fue ungido por los hombres con aceite o ungüento material, sino que el Padre, al señalarlo como salvador de todo el mundo, lo ungió con el Espíritu Santo. Como dice Pedro: Dios ungió a Jesús de Nazaret con poder del Espíritu Santo; y en los salmos de David hallamos estas palabras: Tu trono, joh Dios!, permanece para siempre; cetro de rectitud es tu cetro real; has amado la justicia y odiado la impiedad: por eso el Señor, tu Dios, te ha ungido con aceite de júbilo entre todos tus compañeros.
El Señor fue ungido con un aceite de júbilo espiritual, esto es, con el Espíritu Santo, el cual es llamado aceite de júbilo porque es el autor del júbilo espiritual; pero vosotros, al ser ungidos materialmente, habéis sido hechos partícipes de la naturaleza de Cristo.
Por lo demás, no pienses que es éste un ungüento común y corriente. Pues, del mismo modo que el pan eucarístico, después de la invocación del Espíritu Santo, no es pan corriente, sino el cuerpo de Cristo, así también este santo ungüento, después de la invocación, ya no es un ungüento simple o común, sino el don de Cristo y del Espíritu Santo, ya que realiza, por la presencia de la divinidad, aquello que significa.
Tu frente y los sentidos de tu cuerpo son ungidos simbólicamente y, por esta unción visible de tu cuerpo, el alma es santificada por el Espíritu Santo, dador de vida.