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La violencia en la familia
02/12/2011
Josep Miró i Ardèvol
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en Twitter: @jmiroardevol Hay
cientos de miles de hombres procesados a causa de la nueva legislación
contra la violencia de género, y decenas de miles en prisión o a la
espera de ingresar en ella.
¿Tanta violencia significativa hay contra la mujer para que existan
tal número de presos? La realidad es que a pesar de la abundancia del
relato, los datos son absolutamente contradictorios, abundan pero, al
mismo tiempo, muestran diferencias considerables según las fuentes.
Dependerá de si veamos lo que nos dice el Instituto de la Mujer, el
Consejo General del Poder Judicial, los datos del Ministerio del
Interior. Todo esto ha generado un caos que hace difícil saber donde
estamos. El dato clave, la prevalencia, es decir, el número de
agresiones cometidas en relación a una unidad de media de la población
afectada, por ejemplo por cada millón de mujeres, es un dato prácticamente
desconocido. Mucha cifra bailando pero nada que circunscriba la
realidad y permita observar su evolución. Por esta razón, el
Instituto de Estudios del Capital Social de la Universidad Abat Oliba
CEU ha realizado un trabajo consistente en analizar la información
disponible, tanto en el caso de la violencia contra la mujer como la
que se da también en el ámbito
familiar
contra los niños y los ancianos. La idea hubiera sido ampliarlo
contra los hombres, pero para este grupo de población no existe un número
suficiente de estudios como para poder contrastar los datos. Así se
han determinado las distintas prevalencias para cada grupo de población
afectada, lo que permite además observar su importancia en términos
de comparación (enlace
al estudio).
Las
prevalencias de sujetos afectados, todas ellas por millón de
habitantes, son éstas: el maltrato infantil se sitúa entre 1.000 y
1.200 casos por millón, según unas fuentes, y entre 5.000 y 6.000
casos por millón, según otras, teniendo en cuenta que solo se
denuncian el 20% de los casos. Si hablamos de maltrato a ancianos,
diferentes informes sitúan la prevalencia entre 14.000 y 40.000 casos
por millón. Y, en el caso de violencia contra las mujeres, la
prevalencia es de 2.100 casos por millón. El INCAS se ha basado en
este caso en información de la serie de los barómetros del CIS. Como
puede observarse, el maltrato contra los ancianos es muy elevado, y el
de los menores puede situarse por debajo, pero también muy por encima
del que recibe la mujer. La pregunta salta a la vista: ¿Cuántas
personas están en prisión, cuántas han sido procesadas por
maltratar a un anciano? Muy pocas. ¿Cuántas por maltratar a un
menor? Poquísimas. Todo
esto nos sitúa ante un panorama absolutamente desequilibrado, pero no
es porqué sí, sino que obedece a razones ideológicas, las mismas
razones que conducen al fracaso en conseguir la reducción de la
violencia contra la mujer son las que ocultan este otro tipo de datos,
para así poder presentar algo que esté de acuerdo con la teoría de
género: existe una violencia estructural del hombre contra la mujer.
En realidad, existe un
problema de violencia en el seno de las familias, que es distinto, que
no presenta valores cuantitativos sustancialmente distintos entre
mujeres y niños y que resulta extraordinariamente abundante contra
los viejos. La
razón de esta situación radica en el estado de cada familia, su
grado de desestructuración o ruptura, de desvinculación. Se pueden
observar claras correlaciones que apuntan siempre en el mismo sentido,
las familias estables que no están sometidas a niveles de conflictos
intensos entre sus miembros, porque poseen un sistema convivencial de
valores y de virtudes que tiende a evitar y a superar las
dificultades, presentan una prevalencia de maltrato mucho menor que
aquellas familias que están en proceso de ruptura, que se han roto o
viven un estado intermedio de conflicto entre sus personas. Esa
es la realidad y mientras no se asuma tendremos un sistema brutalmente
injusto y discriminatorio para los menores y ancianos, y perfectamente
inútil para enfrentarse al maltrato contra la mujer.
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