NUESTRA SEÑORA DEL CAMINO
Patrona de León (España)

 El camino francés de los peregrinos a Santiago entraba en la ciudad de León por la «Puerta Moneda». Apenas traspasada aquella puerta y justo a la vera de la calzada, se levantó la iglesia románica de Nuestra Señora del Mercado, en la que se venera una antigua Piedad. Es una imagen de María que sostiene a su Hijo muerto sobre sus rodillas. A ella dedicaban sus plegarias los peregrinos que venían siguiendo el l «camino». Con el paso del tiempo, esta imagen habría de ser conocida con el tí­tulo de Nuestra Señora del Camino ««la Antigua».

Tal denominación vino a remitir evidentemente a ««La Nueva». Hoy la imagen que lleva ese título y esa antigua advocación del Camino se encuentra también sobre la ruta jacobea, pero al lado opuesto de la ciudad, a unos seis kilómetros del centro de León.

Por tanto, la advocación de Nuestra Señora del Camino se debe, sin duda, al hecho de que el santuario se encuentra ubicado precisamente a la orilla del Camino de Santiago. Es cierto que el término es muy evocador para la tradición cristiana. El santuario se encuentra junto al Camino de Santiago, pero los devotos pueden acercarse a esta imagen de María reconociéndola como «camino» de la redención y de la gracia. Por ella se accede al que se autodefinió como «camino, verdad y vida» (cf. Jn 14, 6).

EL PASTOR Y LA PIEDRA

Como tantos otros santuarios marianos, también éste nos ofrece como fundamento la hermosa leyenda de una aparición. Según cuenta la tradición, el día 2 de julio del año 1505, el pastor Alvar Simón Gómez Fernández, vecino del pueblo de Velilla de la Reina, cuidaba su rebaño por estos páramos ventosos, mientras dedicaba algún rato a la oración. Un resplandor extraordinario vino a llamarle la atención. Atraído, como Moisés, por el fenómeno desacostumbrado de aquella luz, oyó la voz de la Virgen María. La Señora le pedía que transmitiese al obispo su deseo de que se construyese una ermita por aquellos parajes.

Al igual que solían hacer los personajes bíblicos ante la aparición del misterio, Alvar Simón desconfió de sus propios sentidos y dudó de la credibilidad que merecería su relato. Así que rogó a la Señora que le diera una señal. Ella tomó en sus manos la honda del pastor y lanzó una piedra, que, al caer en tierra, aumentó de tamaño de modo espectacular. De esta forma no cabría duda sobre el lugar donde habría de levantarse el santuario.

Efectivamente, Alvar Simón transmitió el mensaje y poco después se construyó en el lugar de la aparición una humilde ermita, que ya en 1514 sería sustituida por otro santuario más amplio. Una cédula real, dictada por Fernando el Católico, lo colocaba bajo el patrocinio del Cabildo de la Catedral y de los regidores de la ciudad de León.

Otra orden, esta vez de la reina doña Juana, confirmada por un breve del papa León X, concedía la administración del santuario al convento de monjas concepcionistas de León. De todas formas, pronto habría de quedar bajo patronato real.

DEVOCIÓN ANTIGUA Y SANTUARIO NUEVO

Los diversos santuarios antiguos, todos ellos de factura modesta, resultaban siempre pequeños para las romerías que a finales de septiembre acudían a venerar a la imagen de la Madre Dolorosa. Entre la algarabía de los feriantes y los curiosos, destacaba siempre la figura majestuosa de las «<anovenarias>», que seguían la novena de la Virgen, como ««las viudas negras de Dios», a las que ha cantado el poeta Victoriano Crémer:

De enlutada piedra

está hecha

del corazón

a la cabeza.

Y va y viene

a buscarle al Calvario respuesta

a su dolor de madre muerta

 

Durante el Año Mariano que se celebró en 1954 para conmemorar el primer centenario de la definición dogmática de la Inmaculada Concepción de María, el cabildo tomó la decisión de edificar un santuario nuevo y más capaz. La iniciativa, respaldada por el obispo Luís Almarcha Hernández, encontró la colaboración generosa del indiano leonés Pablo Díez y de su esposa. Fue bendecido el nuevo santuario el día 4 de octubre de 1961, y su culto fue confiado a los dominicos.

Llama la atención la sobriedad de su forma, que evoca un enorme sepulcro de piedra blanquecina, coronado por una especie de cimborrio absidal, ejecutado en lastrones de piedra basta. Dirigió la obra el arquitecto dominico fray Francisco Coello de Portugal.

Bajo el deambulatorio, que ha sido diseñado a modo de claustro externo, la puerta meridional recoge la memoria del obispo San Froilán ( 5 de octubre), patrono de la diócesis. La puerta del Norte está dedicada a San Pablo. Además de la imagen del apóstol, reproduce su conversión en el camino de Damasco, así como la lapidación de San Esteban. Frente a esa puerta del Norte se alza el majestuoso campanario exento, ejecutado en hormigón, que se alza como un faro no sólo sobre la explanada de los peregrinos, sino sobre la ciudad de León y sus alrededores.

El visitante que accede por primera vez al santuario queda sorprendido por la fachada principal, orientada hacia el Poniente. Enmarcado por la cornisa y los márgenes de piedra blanca, nos recibe un gigantesco apostolado, debido a José María Subirachs. Está formado por enormes estatuas de bronce que representan a los apóstoles, reunidos en torno a Maria, en el momento pentecostal de la efusión del Espíritu Santo.


 

UNA «PIEDAD SERENA

Al entrar en el templo, el peregrino se siente sobrecogido por la majestad y pulcritud de esa amplia nave austera y desnuda. La luz matizada del Sur orienta la mirada hasta el retablo barroco, obra de los escultores Pablo y Antonio de Valladolid. Enmarcado por los lastrones de piedra rústica, el retablo antiguo parece menos discordante con la lisura de la piedra blanca que cubre los altos muros del templo. La luz cenital que se derrama sobre el retablo nos descubre, allá en lo alto, la imagen de San Miguel Arcángel (29 de septiembre), patrono de la parroquia. Pero la luz nos lleva sobre todo a detener la mirada en el amplio camarín donde se alberga la imagen de María.

Esta escultura de Nuestra Señora del Camino se atribuye a veces a Bartolomé de las Heras, que habría sido formado por Orozco, el imaginero que por entonces trabajaba en el hospital de San Marcos.

La imagen de talla policromada representa una «piedad» más bien tosca, que parece delatar una cierta influencia flamenca. Es inolvidable la mirada baja y la serena dulzura del rostro de María, enmarcado por sus tocas blancas y un austero manto azul. Toda la expresividad religiosa de la imagen se compagina bien con el sentimiento popular de estas tierras. María es una mujer dolorida, ya casi anciana, que sostiene sobre sus rodillas al Hijo muerto. La imagen de jesús lo representa ya rígido, con la cabeza inclinada y los brazos caídos. Da la espalda desgarrada a su Madre, como si María quisiera mostrar el rostro de su Hijo muerto a los fieles que se acercan a sus pies.

En la peana de la imagen, escritos en caracteres góticos, se pueden leer los versos que reflejaban el abatimiento de la ciudad de Jerusalén y que han sido puestos por la tradición en boca de la Hija de Sión:

Vosotros, todos los que pasáis por el camino,

mirad y ved si hay dolor semejante a mi dolor (Lm 1, 12).


La talla de madera, cubierta en parte con un amplio manto, está enmarcada por un trono o templete de plata, que ha venido a configurar el aspecto característico del conjunto.

Detrás del retablo se encuentra una capilla a la que se abre el camarín. Está adornada por las vidrieras que recuerdan la leyenda del pastor Alvar Simón. En aquel espacio, recogido y silencioso, presidido por un impresionante crucifijo, también debido a Subirachs, la cola del manto de María recibe, en continua procesión, los besos de los fieles. Hasta allí acuden para hacerla partícipes de sus alegrías, para implorar su intercesión o para compartir con ella sus dolores.

Sin embargo, la piedad popular, que presta atención a los dolores de la Madre, no deja de esperar confiada la misericordia de su Hijo Jesucristo, resucitado y glorioso. Así lo canta el himno tradicional:

Oh Virgen del Camino, Reina y Madre
del pueblo leonés,
muéstranos a Jesús vivo y glorioso,
que berencia nuestra es.»


 

José‑Román Flecha Andrés