NUESTRA SEÑORA DE LA DIVINA PROVIDENCIA
Patrona de Puerto Rico

El año 1744, Benedicto XIV (1758) concedió, a la Congregación de Clérigos Regulares de San Pablo (Barnabitas), la misa en honor de Santa María Virgen «Madre de la Divina Providencia», venerada en Roma, en la iglesia de San Carlos, llamada vulgarmente «a¡ Cataniri», para ser celebrada el sábado antes del tercer domingo de noviembre. Esta memoria la celebran también muchos otros institutos religiosos.

Con este título llamamos la función que Dios, cuya «providencia..., nunca se equivoca», encomendó a la Santísima Virgen, para que fuera:

bondadosísíma Madre de Cristo, ya que, en el «provi~ dencial designio» de Dios, «la bienaventurada Virgen María .... engendró al Salvador del mundo»;

madre providente de los hombres, «confiados a ella por Jesucristo en la cruz»;

díspensadora de gracia: ella, en efecto, en Caná de Galilea suplicó al Hijo en favor de los esposos, «ahora, entronizada como Reina a la derecha de su Hijo, atiende a las necesidades de toda la Iglesia».

La Santísima Virgen, por tanto, es llamada «Madre de la Divina Providencia», porque Dios providentísimo nos la ha dado como madre providente, para que con su intercesión nos proveyera de los bienes celestiales. A semejanza de Dios, que no puede olvidarse de su pueblo, más aún, que lo consuela como una madre, la Santísima Virgen se compadece de nosotros, intercede por nosotros, atiende a las necesidades de la Iglesia, nos llena de consuelo.

La devoción a Nuestra Señora de la Providencia, por tanto, no es originaria ni exclusiva de Puerto Rico, pero nuestro pueblo se la ha apropiado, haciéndola algo característico suyo. Nos gloriamos, y con razón, de ser la única nación del mundo que venera a la Sansima Virgen, como patrona, bajo este título o advocación.

Italia vio el nacimiento de la advocación, dos siglos antes del descubrimiento de América, y se propagaba la misma por Francia y España, cuando la introdujo en Puerto Rico un obispo catalán, don Gil Esteve y Tomás, precisamente a mediados del siglo XIX.

Este mismo obispo, trigesimoséptimo en la serie de nuestros obispos, dio fin a la edificación de la catedral de San Juan ‑cuya etapa constructiva se había prolongado por espacio de tres siglos‑ y, para coronar magníficamente la obra, estableció en su recinto el culto de Nuestra Señora de la Providencia, el 2 de enero de 1853.

Desde el principio, el país acogió propicio la nueva advocación; su representación iconográfica tocó, al parecer, las fibras más sensibles de nuestro pueblo católico. El tierno conjunto de la Virgen María, en cuyo regazo duerme en confiado abandono el Niño Dios, y la misma Divina Providencia despiertan profunda simpatía en el alma puertorriqueña, que acaso ve también en la imagen el símbolo de su propio genio nacional, naturalmente inclinado al amor a los niños, al amparo de los huérfanos y a todos los ejercicios de una providencia misericordiosa.


 

 CRONOLOGÍA DE LA VIRGEN DE IA DIVINA PROVIDENCIA

1851. El 12 de octubre, aniversario del descubrimiento de América, el entonces obispo de Puerto Rico, monseñor Gil Esteve, eligió el título, muy conocido en Europa, de Nuestra Señora de la Providencia, como advocación de la Virgen para la catedral.

Desde dicha fecha, la Madre de la Providencia fue patrona de la diócesis (única existente entonces) y de la catedral.

1853. La imagen de la Madre de la Providencia, traída de Barcelona, fue colocada en su altar en la catedral de San Juan, el 2 de enero.

1881. El 6 de mayo fue inaugurada la pequeña capilla catedralicia, en la cual, desde entonces, se veneró la imagen.

1882. Se fundó la escolanía de infantes, una escuela y coro de unos 33 niños, quienes recibían instrucción musical y cantaban en los actos de culto en honor de la Providencia.

1892. La Diputación Provincial declaró el 2 de enero fiesta oficial de Puerto Rico. En este día se celebraba entonces la fiesta religiosa de la Madre de la Divina Providencia. Actualmente, es fecha de la toma de posesión del gobernador de Puerto Rico.

1913. Para conmemorar el cuarto centenario de la fundación de la diócesis, el obispo de Puerto Rico, don Guillermo Jones, O.S.A. (1907‑1921), hizo acuñar una medalla con la inscripción «Nuestra Señora de la Providencia, patrona de Puerto Rico».

1920. Durante el mismo episcopado de monseñor Jones se establece la Pía Unión de Nuestra Señora de la Providencia y se entroniza la actual imagen en la catedral de San Juan.

1950. Surge la Asociación de Caballeros de Nuestra Señora de la Providencia. Comienza la preparación del pueblo para las fiestas jubilares de 1953, año centenario de la advocación de la Providencia.

1953. Se conmemoró el primer centenario de la institución de la devoción de la Providencia. Para este gran jubileo se misionó la isla por sacerdotes jesuitas, entre los cuales estaba el muy conocido padre Saturnino Junquera. Se organizaron peregrinaciones y todo culminó con una solemne fiesta mariana el 19 de noviembre, fecha del descubrimiento de Puerto Rico en 1493. De hecho, era el 460 aniversario de esta efemérides. En ese día, la catedral de San Juan estaba llena, mucho más de su capacidad. Delegaciones de toda la isla acudieron a la coronación de la imagen, que efectuó monseñor Mariano Vasallo, vicario general, en ausencia del obispo Jaime P. Davis.

1969. Su eminencia el cardenal Luís Aponte Martínez, arzobispo de San Juan, solicita de la Santa Sede que Nuestra Señora, Madre de la Divina Providencia, fuera declarada canónicamente patrona principal de Puerto Rico. El 19 de noviembre de este "sino año, Su Santidad Pablo VI (‑ 6 de agosto), concedió la solicitada gracia.

1973. Se asignó al primer cardenal puertorriqueño la parroquia romana de Nuestra Señora de la Providencia en calidad de protector cardenalicio.

1976. El 5 de diciembre fue la culminación de un proceso. Se efectuó la proclamación y coronación de Nuestra Señora de la Providencia como patrona principal. La ocasión también fue señalada por una carta pastoral emitida por la Conferencia Episcopal Puertorriqueña sobre «Maria en el plan salvador de Dios».

1978. El 3 de octubre, en conferencia de prensa, el cardenal Aponte Martínez anuncia que una firma de arquitectos tendrá a su cargo el diseño de un santuario de la patrona de Puerto Rico.

1984. En su visita a Puerto Rico, el 12 de octubre, Juan Pablo II, en una homilía de una misa en honor de la Providencia, exhortó al pueblo puertorriqueño a construir un nuevo templo dedicado a la patrona.

El Santo Padre dijo textualmente: «Sé que ahora tenéis el propósito de edificar a María, Madre de la Divina Providencia, un santuario, donde vosotros y vuestros hijos aprendáis a caminar mejor hacia Jesús por medio de María. Quiero alentar vuestro deseo y pido al Señor que os conceda poder realizarlo. Este santuario mariano deberá recordaros que vosotros sois las piedras vivas del templo espiritual y universal que es la Iglesia. Esa Iglesia que vive también en Latinoamérica, en cuyo contexto estáis situados».

1985. Empieza oficialmente la colecta pública en favor de la construcción del santuario, que funcionará también como segunda catedral de San Juan.

1990. El cardenal Luis Aponte Martínez bendice la primera piedra del futuro santuario de Nuestra Señora de la Divina Providencia, el día 19 de noviembre, en una extensión de 36 cuerdas en la zona de Cupey Bajo, de Río Piedras, Carretera 176. Le acompaña gran número de fieles, religiosos, diáconos, sacerdotes, monseñor Juan de Dios López de Victoria, obispo jubilado auxiliar de la archidiócesis de San Juan; monseñor Álvaro Corrada del Río, obispo auxiliar de Washington; monseñor Roberto González, franciscano, obispo auxiliar de Boston. Queda levantada en el lugar una modesta y graciosa ermita de madera con una imagen de Nuestra Señora de la Divina Providencia.

El día 8 de diciembre se celebra la primera Misa en el santuario.

Mario Mesa Caparrós, O.F.M.Cap.  Rector del santuario