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El secreto para ser feliz
Loreto B. Gala
loretobgala.com



Conocí a Rosa de casualidad. Tenía a mi hija Sophie, de dos años, en su regazo mientras hablaba sin parar con mi marido que la miraba con ojos atónitos. Así es Rosa. No pasa desapercibida. A pesar de su gran tamaño, su corazón que es enorme, lo deja pequeño. Así es Rosa. Amor, puro amor. Y muchas risas.


Le estaba contando a mi marido sobre su familia. Había parido 18 hijos. Sí, dieciocho. “Tres de ellos han muerto”. Cuando mi marido me contaba todo esto con la misma cara de estupefacción que no se le quitaba, pensé que quizás no había entendido bien el castellano de esta mujer. Pero es que la historia de Rosa es así. Increíble y cierta.

Rosa y su marido Chema tuvieron 18 hijos.


Cuando ves a Rosa entrar a donde sea es como si un camión de energía pasara por encima de ti, y del cual no te vuelves a olvidar. Rosa contagia. Te hace pensar. Te hace amar a los tuyos más de lo que ya crees. Te hace, sobretodo, apreciar la vida como viene y ver que los problemas, por muy grandes que sean, no son obstáculos para ser felices.


Rosa ha enterrado a tres hijos. Toda madre sabe que no existe mayor tristeza en el mundo que decirle adiós para siempre a un hijo. Y Rosa… ¡quién fuera cómo ella! Rosa ha dicho ese adiós una, dos y tres veces.

Los médicos les habían recomendado dejar de tener hijos. Los médicos, los padres, los amigos… “pero nadie, ni tus padres, ni el cura, se mete en la cama de papá y mamá”. Es lo primero que aprendes cuando lees el libro de Rosa “Cómo ser feliz con uno, dos, tres hijos".

Rosa y Chema amaban la idea de tener hijos. Muchos. ¡Pero muchísimos! Y nadie les quitó la ilusión. Ni si quiera la gran temida muerte.


Rosa y Chema fueron un matrimonio feliz. Aquellos de película. Inquebrantable. Al menos, humanamente inquebrantable. “En las buenas y en las malas, ante la salud y la enfermedad. Hasta que la muerte nos separe”.

Pero el plan de vida de Rosa no solo incluía la muerte de tres hijos. Rosa también tuvo que decir ese “eterno adiós” al mayor amor de su vida. Chema no sobrevivió un silencioso y fugaz cáncer. Rosa también enterró a su marido, hace tan solo un año atrás.


Cuando oyes a Rosa hablar sobre sus anécdotas (que son muchas) no quieres que se acabe el tiempo. Podrías estar oyéndola horas. Porque te transmite amor. Amor del bueno. Amor del verdadero. Amor humano.

Amor que duele.

Y transmite una alegría arrolladora. Oír a Rosa hablar de su vida te llena de ilusiones, te quita el hierro a la gravedad de las cosas y te hace pensar en lo que es realmente importante.


Rosa tiene el secreto para ser feliz. Ella es de las personas que espera. Y que sabe esperar. A quien se le ha puesto a prueba la paciencia, infinitas veces. Esas pruebas de las que ni tú, ni yo, ni nadie desearía tener. Pero ella cree. Confía. Aunque no entiende el porqué de su sufrimiento, siente el amor de Dios. Lo siente como siente el amor a sus hijos, a Chema. Quizás ese es su secreto.

Porque su amor humano ha sido filtrado por un amor más infinito, incomprensible, indescriptible. Por eso sabe amar. Amar hasta que duela. Amar incluso después de la muerte.

Probablemente, son pocos los que conocen este tipo de amor, capaz de revertir el sufrimiento humano en alegría. La enfermedad en lucha. La muerte, en vida.

Yo he llegado a sentir pequeños destellos del amor De Dios. Pero me queda aún mucho por conocer. No llego ni a los tobillos de Rosa en cuanto aún no sé entregarme. Aún no me atrevo a poner la vida de mis hijas en manos del amor de Dios… por si me las quita.

Rosa sabe cómo hacerlo. Y yo quiero aprender de ella.


Es cierto una cosa, aunque nos cueste reconocerlo: los hijos no nos pertenecen. Nosotros solo somos el camino, la vía, para que ellos lleguen a este mundo. A partir de ahí, sólo sabemos amarlos. Hasta que duela. Hasta que la muerte nos separe. Incluso, después de la muerte.


Así es Rosa. Y no dejo de sorprenderme cada vez que leo sus textos, sus testimonios siempre con esas palabras tan cercanas. Siempre tan madre. Siempre con el corazón abierto, tan abierto que cabemos todos en él.








Rosa, qué poco sabían tus padres de ti cuando te pusieron este nombre y sin embargo, cuánto te llenaría de sentido. Porque a pesar de las espinas que has tenido en el camino, eres la flor que envuelve y no se olvida.

El rosal de un inmenso jardín.

Gracias por ser quien eres. Por tu ejemplo. Porque no has desistido nunca. Y porque a todos nos has enseñado que el amor verdadero es infinito.

Incluso, después de la muerte.


Para conocer a Rosa puedes leer su blog

O seguirla en su cuenta de Instagram

O leer su libro


Yo ya lo he hecho...



ENGLISH VERSION


I met Rosa by chance. She had my two-year-old daughter Sophie in her lap while she talked nonstop to my husband who looked at her with stunned eyes. That's Rosa. She doesn't go unnoticed. Despite her big size, her heart which is giant, makes her body small. That's Rosa. Love, pure love. And a lot of laughs.

She was telling my husband about her family. She had given birth to 18 children. Yes, eighteen. "Three of them are dead." When my husband told me this with the same stunned face that he couldn't get rid of, I thought perhaps he didn't understand this woman's Spanish well. But Rosa's story is like this. Unbelievable and true.

Rosa and her husband Chema had 18 children.


When you see Rosa, it's like an energy truck were passing over you. Rosa is contagious. She makes you think. She makes you love your loved ones more than you already do. She makes you, above all, appreciate life as it comes, and see that problems, no matter how big, are not obstacles to be truly happy.

Rosa has buried three children. Every mother knows that there is no greater sadness in the world than to say goodbye to a child forever. And Rosa... who was like her! Rosa has said that goodbye once, twice and three times.

The doctors had recommended Rosa and Chema stop having children. The doctors, their parents, their friends... "but nobody, neither your parents, nor the priest, gets into Mom and Dad's bed". It's the first thing you learn when you read Rosa's book "Rosa, what’s your secret".

Rosa and Chema loved the idea of having children. A lot of them. But lots of them! And no one took away their illusion. Not even the feared death.

Rosa and Chema were a happy marriage. Unbreakable. At least, humanly unbreakable. “…for better or for worse, for richer, for poorer, in sickness and in health, to love and to cherish; until death do us part.”

But Rosa's life plan didn't just include the death of three children. Rosa also had to say that "eternal goodbye" to the greatest love of her life. Chema didn't survive a silent, fleeting cancer. Rosa also buried her husband just a year ago.


When you hear Rosa talking about her stories (which are many) you don't want time to run out. You could be hearing her for hours. Because she gives you love. True love. Human love.

Love that hurts.

And she transmits an overwhelming joy. Hearing Rosa talking about her life fills you with illusions and makes you think about what is really important in life.


Rosa has the secret to happiness. She has faith. Although she doesn’t understand the reason for her suffering, she feels the love of God. She feels it as true as she feels love for her children, for Chema.

I bet, that's her secret. Because Rosa’s love has been filtered by a more infinite, incomprehensible, indescribable Love. That's why she knows how to love: to love even it hurts. Even after death.

Probably, there are few people who know this kind of love, capable of turning human suffering into joy. The disease in struggle. Death, in life.

I have felt this kind of love in little sparks. But I still have a long way to get to know it. I still don't dare to put my daughters' lives in the hands of God's love... in case He takes them away from me. But Rosa knows how to do it. I want to learn from her.


One thing is certain, even if it is hard for us to admit it: children do not belong to us. We are only the way for them to come into this world. From then on, we only know how to love them. Even it hurts. Till death do us part. Even after death.


That's Rosa. And I keep being surprised every time I read her texts, her testimonies always with those  warm and simply words. Always such a mother. Always with an open heart, so open that we can all fit in it.


Rosa, i know what’s your secret. And I thank you for being who you are. For your example. Because you've never given up. And because you've taught us all that true love is infinite. To love even it hurts, even after death.








 
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