Mejorar como cristiano - Hoja de Ruta

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Vida Espiritual
Mejorar como cristiano



1.- Para empezar
Lo primero que debes saber es que eres hijo de Dios. Esto significa que Dios te quiere con un amor inmenso, más que todos los padres y madres del mundo pueden querer a sus hijos.

2. Los sacramentos.

Por el Bautismo, quedas lleno de la gracia santificante. Esto significa que pasas a ser hijo de Dios, en un estado superior al que disfrutaban Adán y Eva en el Paraíso.
La Confirmación te da un aumento de la gracia que necesitas para vencer en la lucha, porque el pecado original –aunque perdonado por el Bautismo- dejó en nosotros unas secuelas, una inclinación al mal, y conforme te vas haciendo hombre necesitas más fuerzas.
Si pierdes, por el pecado mortal, la gracia santificante que te dieron esos sacramentos, no hay problema. El Señor conoce muy bien nuestras debilidades, defectos, aquellos preceptos que nos cuesta más vivir. Por eso instituyó el sacramento de la Penitencia, de la Reconciliación. La Confesión debe ser individual, - las absoluciones colectivas sólo sirven en situaciones extraordinarias: una catástrofe, etc.-, y tienes que prepararte. Antes se decía que para una buena Confesión hacen falta cinco cosas: Examen de conciencia, dolor de corazón, propósito de la enmienda, decir los pecados al confesor -¡todos!- porque si no cometes un pecado mayor, y cumplir la penitencia.
La Eucaristía, la Santa Misa, donde se repite de nuevo el Sacrificio del Calvario, la Santa Comunión aumenta tu nivel de gracia y es como el alimento para el alma. Te dará fuerzas para luchar, para enamorarte de Dios, que viene a vivir contigo. Y siempre que sea posible –al menos los domingos, que sigue siendo una obligación- te vendría muy bien asistir a la Santa Misa,
La Unción de los enfermos da fuerzas para afrontar la enfermedad y el trance de la muerte, si es el caso. Aquí, lo que puedes hacer es recordar a tus padres y familiares que procuren que les sea administrado a las personas gravemente enfermas, o ancianas, de tu familia.
El Orden Sacerdotal convierte a quienes lo reciben en ministros de Cristo. Piensa alguna vez si el Señor te llama por ese camino y, sobre todo, reza para que vengan muchos nuevos sacerdotes a la Iglesia.
Matrimonio. Desde ahora tienes que prepararte para cuando recibas ese Sacramento, si tienes vocación para ello. Recuerda que es para siempre y que, también los esposos deben vivir la castidad y aceptar con alegría los hijos que Dios les mande.

3. Tienes que ser santo

Hemos visto que eres hijo de Dios y los medios para obtener y crecer en gracia santificante. Por tanto no se trata de conformarse con una vida cómoda, aburguesada, donde Dios ocupe un pequeño rincón: «Yo ni robo ni mato». El Señor nos quiere santos, no cristianos mediocres, porque lo hacemos por amor. ¿Te conformarías con que tu futura novia te amara sólo un poco? ¿No querrías que te amase con todas sus fuerzas? Pues el Señor dijo que el primer mandamiento es: «Amarás al Señor, tu Dios, con toda tu alma, con toda tu mente, con todas tus fuerzas».
No es tan difícil, si lo haces por amor y además recuerda las palabras del Señor a San Pedro: «En verdad te digo que los que me sigan recibirán el Ciento por uno (100 € por 1 €) , a ver qué banco lo hace) y después la vida eterna: «La posesión total y perfecta de una vida interminable». ¡Menudo negocio!
Serás muy feliz, con una felicidad que nadie te podrá quitar.

4. Lo mínimo imprescindible

Si lo que te he dicho anteriormente no te convence por lo menos asegúrate que vas al Cielo, aunque sea con entrada de gallinero.
Lo más importante es estar en gracia, es decir, acudir a la Confesión lo antes posible si por debilidad o por cualquier otra razón has ofendido a Dios. Ahora no vamos a hablar de ello –porque supongo que lo sabes- tienes que tener la conciencia bien formada para distinguir las acciones que suponen pecado mortal.
Además, los principales enemigos que tendrán serán la pereza y la pureza, la castidad.
Por pereza –y porque no sabes lo que te pierdes- dejas de ir a Misa los domingos y días de precepto. También quizá dejes de rezar lo que aprendiste de pequeño.
Además de la Confesión y la Santa Misa forma parte del mínimo imprescindible rezar alguna oración por la mañana y por la noche y cumplir con los deberes propios de tu situación: estudiar, trabajar, ayudar a los demás…

Con la pureza debes andar con cuidado porque en la adolescencia los cambios físicos y psíquicos que aparecen provocan que los impulsos y deseos sexuales sean muy fuertes. Infórmate sobre el tema, habla con algún sacerdote siendo absolutamente sincero, pide ayuda a la Virgen –mucha gente le reza tres Avemarías por la noche pidiéndole vivir bien esa virtud- y confiésate cuantas veces sea necesario porque, además del perdón, recibes gracia para volver a luchar. Recuerda que lo que importa no es caer, sino levantarse y continuar la carrera.
Y la mejor manera de evitar las caídas es huir de las ocasiones: películas y vídeos, revistas –y no sólo de los claramente pornográficos-, anuncios en la TV y en la calle, etc.

5. Ofrecer el trabajo

Aunque dediques unos pocos momentos a rezar cada día, puedes convertir todas tus actividades en oración. Dios está siempre mirándote como un padre amoroso. Y cuando estudias, haces deporte, estás con los amigos, etc., Dios está contigo. Sobre todo puedes ofrecer a Dios el estudio y las horas de clase. «Una hora de estudio es una hora de oración», se lee en Camino, un libro que te recomiendo. Pero no puedes ofrecer a Dios un trabajo chapucero: ha de estar bien hecho y con rectitud de intención.

6.El sacrificio

La vida del hombre en la tierra, convéncete, está llena de dificultades, contratiempos, dolor así como también de alegrías y buenos momentos.
Esos momentos de dolor, de enfermedad o tristeza también los puedes ofrecer a Dios sabiendo que esa acción tuya es muy eficaz, y agradable a los ojos de Dios.
Además, puedes ofrecerle cada día pequeños sacrificios, cosas que te cuesten: vencer la pereza, el capricho, la comodidad, y ofrecerlo también en la comida: «Un poco más de que no te guste y un poco menos de lo que te gusta», enseña San Josemaría Escrivá.

7. Para hacer cada día

Así como al hacer un viaje hay que detenerse de vez en cuando para repostar y reponer fuerzas, un buen sistema que sigue mucha gente es fijar una serie de breves momentos a lo largo del día para Dios. Es como en ese juego «De oca a oca». Lo que te voy a proponer ahora puede que sea demasiado para empezar –aunque cientos de miles de personas lo hacen- pero no se trata de que lo hagas todo de golpe. Empieza por hacer alguna cosa y luego vas aumentando. Todas las oraciones que explicaré a continuación las encontrarás en un devocionario.
Comienza el día levantándote a la primera, cuando te llamen o suene el despertador: es el «minuto heroico». Procura orar de rodillas y hacer el Ofrecimiento de obras, con la oración que prefieras.
Luego podrías dedicar unos minutos (de 5 a 15) –por la mañana o a la tarde- a tener una conversación personal con Dios, a hacer oración: cuéntale tus planes para el día, da gracias, pídele por tus necesidades, por tu familia, por tus amigos.

Es una antigua costumbre cristiana el rezar el Angelus a las 12. Imagina que lo haces junto al Papa y con numerosas personas que estáis a la vez diciéndole piropos a la Virgen.
Probablemente puedes rezar el Rosario, o algunos misterios, mientras caminas o vas en autobús al colegio o al trabajo. Consíguete un rosario de los de «dedo» o uno de los de cuentas. Y lo rezarás mejor si te detienes un momento a meditar el misterio que vas a rezar, imaginando la escena.

Para conocer mejor la vida y enseñanzas del Señor viene bien leer un poco del Evangelio cada día. Un capítulo, o cinco minutos, despacio, como si lo estuvieras viendo en una película. Igualmente, para mejorar tu formación doctrinal puedes leer 5-10 minutos un libro que trate sobre temas espirituales. Al comenzar y terminar estas lecturas puedes rezar un Avemaría.
Hayas recibido o no la Comunión ese día, agradece al Señor que esté en el Sagrario con la Visita al Santísimo. Basta con que estés unos minutos y le digas algo o rezar tres veces el padrenuestro, Avemaría y Gloria diciendo antes de cada parte «Viva Jesús sacramentado» y terminar con la Comunión espiritual.

No te conformes con asistir a la Santa Misa el domingo, aunque esto es un mandamiento y es falta grave omitirla. Pero imagina que sólo dedicas a la novia –si no la tienes, lo supones- 45 minutos a la semana. Seguramente querría estar a tu lado más tiempo. También te puedes imaginar cualquier actividad que te guste (un deporte, una película, escuchar música) y pensar si te conformarías, pudiendo, con una hora a la semana.

Pues la Santa Misa es mucho más que eso. En esencia, es que se renueva realmente el Sacrificio de la Cruz, aunque no lo veas con tus ojos, pero lo entenderías si tienes suficiente formación. Además, si estás en gracia, puedes comulgar. Por eso, es muy conveniente que, si te es posible, vayas a Misa algún día o días a la semana.

Y a lo largo del día, mientras estás ocupado en otras actividades puedes dirigirte a Dios mediante jaculatorias –pequeñas frases de agradecimiento, petición, adoración, perdón- que se pueden decir en unos segundos, y te ayudan a vivir la presencia de Dios, a sentirte hijo suyo, darle gracias, desagraviarle.

Recuerda también que puedes hacer pequeñas mortificaciones, ofrecer tu trabajo y procurar ser ordenado y alegre.

Acaba tu jornada. Ahora es el momento en el que, por muy cansado que estés tienes que culminar el día con el examen de conciencia, para ver en la presencia de Dios tus victorias y tus derrotas y pedirle perdón a Dios, rezar el Acto de contrición y acabar con tres Avemarías, de rodillas, pidiendo para que sepas vivir la pureza tú y todos tus amigos.
Y, a dormir. Si has procurado estar cerca de Dios durante el día, también el sueño puede ser oración, como dijo un Padre de la Iglesia.

8.- Hacer apostolado

Cuando se está cerca de Dios, uno se siente feliz de verdad, con una felicidad que no proporciona ninguna otra cosa que podamos hacer. El Señor lo dejó dicho: quienes le sigan recibirán el ciento por uno y, después, el Cielo, que lo describe San Pablo con estas palabras: «Ni ojo vio, ni oído oyó las maravillas que Dios tiene preparados para los que le aman».
Y se sienten deseos de transmitir esta felicidad a otros, como intentas convencer a tus amigos que compartan contigo lo que te gusta.

Pero no lo tendrás fácil. Hoy día predomina la gente que, aunque esté bautizada, no practica o ha perdido la fe o niega la existencia de Dios.

Dejando aparte algunas excepciones –personas que han sufrido enfermedades, contradicciones, situaciones - en la mayoría de los casos esa actitud se debe a la ignorancia. La gente no sabe lo que de verdad significa contar con Dios en su vida. Encontrarás algunas objeciones, por ejemplo:
-«No tengo tiempo». Se tiene tiempo para lo que interesa. Y lo que te estoy proponiendo no lleva más de una hora al día. ¿Cuánto tiempo dedicas a ver TV, oír música, no hacer nada…?
-«Es muy difícil». No lo es, porque Dios ayuda con su gracia siempre que pide un esfuerzo. Además, no se trata de hacerlo perfectamente, sino de intentarlo, de esforzarse, de luchar.
-«Yo me entiendo con Dios directamente». Bueno, eso es lo que tú dices, habría que ver… Pero de lo que se trata es de que hagas Su Voluntad, que le trates como Él desea que lo hagas.
-«Ya le rezo cuando lo necesito». Pues ¡qué bien! Y el resto del tiempo, Dios no existe. Es como si hablaras con tus padres o amigos sólo para pedirles cosas, sin preocuparte de manifestar tu cariño, tu aprecio, el contar con su amistad. Podríamos seguir con las dificultades, pero recuerda que lo principal para que un amigo tuyo se anime es rezar y ofrecer el estudio, pequeñas mortificaciones por él para que Dios, que todo lo puede, le ilumine y dé su gracia.

9. ¿Qué quiere Dios de mí?

«Ésta es la Voluntad de Dios: que seamos santos», dice San Pablo. Dios llama a la santidad a todos los hombres sea cual sea su raza, su trabajo, su situación en la vida. Todas las profesiones, todas las circunstancias por las que atraviesan los hombres se pueden santificar. Y Dios no quiere cristianos a medias, nos quiere santos, santos de altar, es decir, que todos los cristianos tienen una vocación, una llamada común a la santidad.

Lo normal es que Dios pida a las personas que se santifiquen dentro del matrimonio, que es camino de santidad, ofreciendo las alegrías, las dificultades, el esfuerzo que supone tener hijos, cuidarlos y educarlos. En esto consiste la vocación matrimonial.

Entrenar para ser felices

En este “negocio” que nos ocupa, también hace falta recibir ayuda, tener un entrenador, un guía. Para llegar al cielo, para ser hombres-10, en una palabra: para ser santos, contamos sobre todo con la ayuda de Dios que habitualmente nos llega por medio de las personas que ha colocado cerca de nosotros.
Es casi una necesidad: un niño pequeño no puede vivir sin una madre. Y cuando somos mayores y nos independizamos echamos de menos a alguien que nos escuche, que nos entienda, que nos ayude. Esta misma mañana miraba un foro en Internet dedicado a los jóvenes y había numerosas peticiones de ayuda: “Me encuentro solo”, “¿Alguien puede ayudarme?”, “tengo un problema”. Y la gente lo exponía allí y otros le daban consejos, le animaban. Alguna noche en que me desvelo, pongo la radio y en varias emisoras hay programas a los que llama la gente contando su situación.
Esperemos, llegados a este punto, haberte convencido de la necesidad de tener un guía en nuestro camino hacia la plenitud, hacia el cielo. Ahora vamos a enumerar algunas de las características que ha de tener esa relación de ayuda.

1.- No es obligatorio tener una persona que nos oriente en nuestras decisiones personales, aunque sea conveniente y, si no somos tontos, pediremos consejo antes de tomar una decisión

2.- Ese guía personal debemos elegirlo libremente, porque nos da la gana, siguiendo los dictados de nuestra cabeza (es una persona preparada, nos conoce bien, tiene experiencia, vive como piensa, etc.) y de nuestro corazón (nos cae bien, confiamos en ella, estamos a gusto, hablamos con esa persona de temas que no le contaríamos a nadie). Nadie puede imponernos a una persona determinada.

3.- Ese entrenador de nuestra alma nos dará consejos, tanto más acertados cuanto mejor nos conozca, pero la responsabilidad es nuestra y el esfuerzo lo ponemos nosotros. El que corre los 100 metros y se cansa es el atleta, no el entrenador. Cuando une sube un monte con un guía, éste le indica el camino, pero no le sube a cuestas.

4. En otro momento hablaremos de sinceridad, que es un requisito indispensable. Si no estás dispuesto a ser sincero hasta las últimas consecuencias, no le sacarás todo el partido a esta orientación.

5. Tu guía te da consejos, pero tienes que hacerle caso. Él no te obligará, porque ni puede ni debe hacerlo, pero tú si que puedes. Y debes comprometerte a intentarlo por lo menos. Además, si se trata de una persona prudente, te llevará como por un plano inclinado, por una suave pendiente para que te resulte fácil subir. Y cuando te caigas, ¡a levantarse y empezar de nuevo! El que vale no es el que nunca cae, sino quien siempre se levanta

6. Nunca le tengas miedo. En esta vida todo tiene arreglo y las cosas comienzan a arreglarse siendo claros y sinceros. No te dé vergüenza que se conozcan tus defectos: nadie se va a extrañar de que los tengas. Lo raro sería que fueras perfecto, que no los tuvieras. Practica contando en primer lugar pequeñas cosas que no te gustaría que se supieran y que te dan cierta vergüenza y te pones rojo solo de pensarlo.

Cualquier tío chiflado por cualquier tema

Y llegaremos siempre a la misma conclusión: los ejemplos que te he puesto en todo caso se pueden imaginar porque es imposible conseguir algo de modo tan perfecto...
¿Estás seguro? ¿Absolutamente? ¡Claro.......! En esta vida sí. Pero recuerda la definición de eternidad: poseer total y plenamente algo interminable. Ahí quería llegar con los ejemplos. Sería muy triste que el ser humano pudiera imaginarse algo que no está a su alcance, que tenga tales ansias de plenitud y no las pudiera satisfacer.

El hombre tiene otra vida después de su muerte biológica. Lo sabemos por revelación de Dios, pero es muy lógico que sea así. Es en esa vida donde se satisfacen plenamente todos los afanes de saber, los deseos de amar, cualquier locura que se te ocurra. Viene bien saber que el cielo, la vida eterna es eso, porque la gente piensa que lo que hay después de la muerte es inmensamente aburrido. Por eso te decía que, aunque sea por egoísmo, nos conviene pensar en el cielo.

El cielo es eso y mucho más : Es ... estar con Dios eternamente felices... con la persona amada con quien más te quiere, y con las personas de la tierra que mas has querido de tertulia continua, y como dice San Pablo: “ Ni ojo vio, ni oído oyó todo lo que Dios tiene preparado para los que le aman..”.
 
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