SER CRISTIANO HOY - Hoja de Ruta

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¿QUÉ ES SER CRISTIANO HOY?


Si hoy en día, un domingo cualquiera, nos pusiéramos a la puerta de un templo, y lanzáramos la pregunta, "¿qué es ser cristiano?", a quienes entran o salen de misa, quizás algunos darían la respuesta correcta: "Cristiano es el que cree en Jesucristo". Pero más de una persona nos diría otras cosas, como : "el que ama al prójimo", "el que no hace mal a nadie”, "el que va a misa los domingos", "el que cree en Dios", etc.

Un buen cristiano tendrá normalmente estas cuatro características y varias otras más; pero ninguna de ellas da en la diana de lo nuclear del cristianismo. ¿NI siquiera creer en Dios? Tampoco, porque hay diversas visiones e imágenes de Dios. Cristiano es el que cree en el Dios de Jesucristo. Es decir: Jesús nos ha enseñado quién es, cómo es el verdadero Dios. Por eso no basta referirse a la fe en Dios, sino que hemos de hablar de la fe en Jesús. Cristiano es el que cree en Jesucristo.

1. Y ¿QUÉ ES LA FE?
La respuesta anterior puede resultar decepcionante para ciertas personas que están acostumbradas a oír la palabra ”fe" como algo etéreo, Inconcreto y poco exigente. Suelen ser los jóvenes más generosos los que se quedan Insatisfechos con respuestas de ésas, quizás porque resultan poco significativas para ellos y para muchas personas de hoy. El Joven quiere algo más concreto, más relevante y hasta más exigente. Los pastores y catequistas que sueñan con atraer más a los jóvenes a base de rebajar las exigencias del cristianismo, generalmente, suelen equivocarse, porque a nadie le gusta comprar acciones devaluadas.

Pero ¡cuidado!: que la fe no es moneda devaluada. Quizás esté devaluada la palabra fe, y por eso resulte poco significante y hasta Irrelevante. Se ha usado esta palabra con tanta prodigalidad y descuido que resulta comprensible su progresiva devaluación. Pero, aunque la palabra fe pueda estar devaluada, el contenido de la misma sigue teniendo una alta cotización. ¿Qué es la fe? ¿Qué contiene esta palabra? Vamos a aproximarnos a ese contenido poco a poco, como por rodeos, para demllitaria bien y captar su enorme riqueza.

a) Admiradores y simpatizantes

Un hombre muy rico, llamado Nicodemo, solicitó una entrevista nocturna con Jesús. Tenía motivos para verle de noche, porque era del grupo de los fariseos, que estaban bastante encontrados con Jesús. Los signos de Dios que veía en él le llamaban poderosamente la atención. No se declaraba partidario de Jesús, primero porque no veía las cosas con daridad y segundo porque tenia miedo a la gente de su grupo. Admiraba a Jesús y sentía simpatía hacia él. ¿Tenia fe? Pues no. La tuvo después de la muerte de Jesús, cuando dio el paso público de preocuparse de su enterramiento y conseguir un sepulcro nuevo.

La admiración y la simpatía son como los primeros peldaños de la fe. Pero no son propiamente fe. Los simpatizantes van a escuchar el mitin o el sermón de la persona admirada, pero no son todavía partidarios ni seguidores. Sin embargo, ese primer peldaño es absolutamente necesario para dar el salto a la fe en Jesús, porque ésta va siempre impregnada de simpatía y admiración. Por ahí se empieza.
Por extraño que pueda parecemos, todos, todos los entendidos aseguran que los apóstoles no tuvieron fe hasta después de la muerte de Jesús. Durante la vida de éste tuvieron solamente admiración, una admiración creciente, que iba gestando ocultamente la eclosión final de la fe. Pero propiamente no la alcanzaron hasta después de los dramáticos sucesos del Calvarlo, cuando, tras fuertes crisis, tuvieron la experiencia del Resucitado, dieron un salto cualitativo, y se convirtieron en seguidores de Jesús y propagadores de su mensaje. En resumen: la admiración no es fe, aunque es un ingrediente necesario de la fe.

b) Partidarios

Gandhl fue un personaje absolutamente extraordinario. Gandhl despertó admiración en los mismos británicos,, pero el pueblo británico no pensó en hacerse partidario suyo, salvo excepciones aisladas. Sin embargo, logró partidarios en un número creciente de compatriotas, que se sumaron a sus Ideas y le acompañaron en sus acciones de protesta. Mérito suyo fue el hecho de haber movilizado tan gran número de personas. El movimiento que dio lugar a la independencia y a la creación del Estado Indio fue obra de todo aquel grupo de personas, que eran partidarias suyas.

Un partidario es mucho más que un simpatizante o un admirador. Le diferencian dos puntos decisivos: primero, las Ideas; segundo, la acción. El partidario hace suyas las Ideas del partido o grupo, al menos en lo fundamental; después, las apoya y trabaja por ellas. El grado de afiliación suele determinar la Intensidad del trabajo.

La fe cristiana supone subir un peldaño más que el de la admiración: convertirse en partidario de Jesús. ¿Cuál es la forma de realizarse plenamente y ser feliz de verdad, dentro de las limitaciones- de la vida? El creyente es partidario de las ideas que expone Jesús sobre el particular y, consecuentemente con ello, trata de llevarlas a la práctica.

•Hay en todos los grupos cierto número de partidarios que lo son bastante a ciegas, unas veces por emotividad o miedo, otras por tradición familiar o costumbre. Pero el partidario consciente de Jesús lo es por convicción personal, y no por convencionalismo o porque se lo hayan dicho otras personas.

¿Qué es, pues, un cristiano? ¿Quién es cristiano? Es aquél que, además de admirador, se ha convertido en partidario de Jesús. Por supuesto, en los asuntos científicos, técnicos y filosóficos, el creyente se guia como todos los demás por lo que dicen los entendidos y las personas de ciencia: por ejemplo, no pregunta a Jesús sobre el modo de curar una enfermedad. Pero en todo aquello que concierne al sentido efe la vida y del mundo, el creyente es partidario de las Ideas fundamentales de Jesús. Esto compromete bastante más que la simple admiración. ¿Qué pensamos de las desigualdades sociales? ”Yo soy partidario de Jesús", dirá el creyente. Y, aunque sabe que eí evangelio no puede decirle mucho sobre las causas y soluciones técnicas, sabe también que Jesús le dirá qué postura debe adoptar ante un hecho tan grave, y seguirá ese camino, aunque tenga que ir contra corriente.
Pero la fe va más allá de la dedsión de ser partidario.

c) Seguidores

Es realmente grande la vinculación que comporta el hecho de ser partidario. Pero esta noción no da todavía cuenta cabal de lo que supone la fe. Los creyentes cristianos eran unos partidarios muy personales, que establecían con Jesús relaciones estrechas. Pedro era partidario de Jesús, pero era además un gran amigo suyo. María Magdalena era partidaria de Jesús, pero mantenía además con él una relación afectuosa, que algunos han llegado a confundir con el enamoramiento. Pero no se trataba tampoco de un grupo cerrado de amigos, que cultivara intensamente el afecto y la ayuda mutua. Era otro tipo de amistad y de untón, que podríamos expresar con la siguiente contraposición:

-• Los partidarios de un grupo o partido se vinculan a unas ideas y un programa.
En cambio el creyente se vincula ante todo a la persona misma de Jesús, a su vida y a su testimonio.
La fe cristiana no consiste solamente en creer en un mensaje, sino en creer en una persona. Primero creo en la persona; después creo en sus ideas o mensaje.

Esta relación tan estrecha se expresa mejor con las palabras "seguimiento" y *seguidorEl creyente es partidario de Jesús porque primeramente se ha hecho seguidor suyo. El seguidor es infinitamente más que un partidario. Se parece a un discípulo, pero es todavía más que éste. Dicho brevemente: el partidario se adhiere a un programa; el discípulo, a las enseñanzas de su maestro; el seguidor, a la persona misma del maestro. El partidario toma Ideas y programas; el discípulo aprende lecciones; el seguidor cristiano aprende actitudes, valores y comportamientos de la propia vida del maestro.

Este es el motivo por el que, en el cristianismo, lo primero no son las enseñanzas de Jesús sino su persona. De tal manera que hasta las enseñanzas brotan de la persona de Jesús, de su experiencia vital y de su testimonio. Las enseñanzas de Jesús no se pueden desligar de su persona. Jesús no es un maestro de ideas, sino un maestro de vida.
¿Cuál es el mensaje cristiano? Es la persona de Jesús, su vida, su compromiso, su testimonio. Y ¿qué es un cristiano? Volvemos a preguntar otra vez. ¿Quién es cristiano? El seguidor afectuoso de Jesús, que se vincula a su persona y decide seguir sus pasos. Dicho brevemente: la fe culmina en el seguimiento.

2. FE FRÍA Y FE CALIENTE
Con la noción de seguimiento hemos dicho lo principal para entender lo que es la fe. No haría falta añadir mucho más. Pero quizás pueda ayudamos a comprenderlo todo mejor la contraposición entre fe fría y fe caliente.
• Fe fría es la que está en la cabeza, en la mente. Fe callente es la que baja al corazón y a la vida.
• Fe fría es la que se vincula a unas Ideas y a un programa. Fe caliente es la que se vincula a una persona.
• Fe fría es la que vive de enseñanzas, verdades y preceptos. Fe caliente es la que vive del seguimiento de Jesús, porque uno se ha hecho amigo y seguidor suyo.
La genulna fe cristiana ha sido siempre una fe caliente, que no olvida la cabeza, las Ideas y las enseñanzas, pero que centra toda su atención en la persona de Jesús, con admiración, entusiasmo y seguimiento. Hemos de reconocer que muchos, muchísimos cristianos, tienen fe fría. No sienten una vinculación personal a Jesús, sino que se limitan a aceptar ciertas normas de conducta, con más o menos reservas, y a cumplir algunos actos de culto. Muchos cristianos están bastante lejos de la genuina fe cristiana. La auténtica fe es fe callente y a ella queremos caminar con apasionamiento.

3. MENTE, CORAZÓN, VOLUNTAD: CREER CON TODO MIS SER
Esto de la fe fría y la fe caliente nos lleva a explicar mejor la complejidad de la fe y su carácter totalizante, puesto que abraza la persona entera. Pero antes de entrar en esta explicación, resumamos cuanto hemos dicho hasta ahora, para poder seguir el hilo con más claridad.
• Cristiano es el hombre o mujer de fe.
• La fe Incluye la admiración, el ser partidario, el seguimiento.
• En el seguimiento están contenidos los otros dos niveles.
• Por eso, el seguimiento supone una fe caliente.
• Todo ello va referido a Jesús, porque el centro de la fe cristiana es Él.

La conclusión que se deriva de estos datos es que la fe cristiana penetra en la totalidad de la persona, en sus ideas, sus sentimientos y su acción. Por eso hablamos de la fe de la mente, la fe del corazón y la fe de la voluntad. Pero no se trata de una suma de tres realidades distintas, sino de una síntesis, en la que cada factor, si se vive correctamente, incluye los otros dos. Veámoslo.
• Fe de la mente o asentimiento mental. Consiste en asentir o reconocer con la mente, con la cabeza, que Jesús es realmente el sentido del ser humano y de la sociedad; el camino, la verdad y la vida; el enviado de Dios, el Hijo efe Dios. La fe de la mente se nutre más bien de formación y estudio.

• Fe del corazón o confianza. Consiste en que¡ a la vez que lo aceptamos como sentido, camino, verdad, etc., confiamos en El, sentimos cercanía hacia Él y le queremos. La fe del corazón se alimenta sobre todo de oración y de celebraciones.
• Fe de la voluntad o seguimiento. Es la decisión de la voluntad por la cual me comprometo a seguir los pasos de Jesús. Es decir, hago míos sus proyectos de vida, su línea de actuación, sus normas de conducta. La fe de la voluntad se cultiva sobre todo con obras evangélicas.
En la fe cristiana, los tres aspectos están entrelazados y compenetrados. Lo que no resulta fácil es determinar por cuál de ellos entra la fe en cada persona concreta. Depende de los temperamentos y las drcunstandas. Hemos de buscar una síntesis armoniosa del asentimiento, la confianza y el seguimiento.

A. LA VIDA DE FE EN CUATRO PUNTOS
Pero ¿cómo se materializa toda esta experiencia tan maravillosa? El creyente suele llegar a la fe por algún "golpe religioso'' o por una catequesis sólida y prolongada. De esta última no se puede presdndir nunca, Incluso en el caso de una gracia especial. Ahora bien, esa catequesis suele tener dimensión comunitaria, porque se realiza en grupo; normalmente va acompañada de oradones y celebraciones; y presenta exigencias prácticas de vida personal y de amor al prójimo, con objeto de seguir las huellas de Jesús. Pues bien: en esta enumeración tan sencilla hemos citado cuatro realidades, cuatro ámbitos de vida que pueden estimular, cultivar y materializar esa vida de fe que es la esencia de lo cristiano: comunidad, oración y celebraciones, el prójimo, y el compromiso por la Justicia.

a) Primeror la comunidad
La fe cristiana es un asunto personalísimo en el que entran en juego la mente, el corazón y la voluntad: la inteligencia, los sentimientos y las decisiones; verdades, actitudes y obras. Pero es al mismo tiempo un asunto comunitario, porque la vinculadón con Jesús no se realiza plenamente al margen del grupo de sus seguidores. Lo expresa, de una manera muy viva, la comparación del cuerpo de San Pablo.
Al mismo tiempo y con la misma intensidad con que nos vinculamos a Jesús por la fe caülente, quedamos vinculados con su cuerpo (espiritual) que es el grupo de sus amigos y seguidores. La fe por libre no es la fe cristiana plena, no es la fe que quería Jesús.
Los relatos de las primeras comunidades manifiestan esta experienda comunitaria de una manera directa y fuerte. Los cristianos de Jerusa/én formaban un grupo de relaciones estrechas, de las que se nos relatan estos cuatro rasgos ideales (Hch 2r 42- 47):
• Redbian Juntos la catequesis de los apóstoles.
• Se esforzaban en. amarse y ayudarse mutuamente, de tal forma que nadie pasaba necesidad: algunos entregaban sus bienes o parte de ellos para servicio y ayuda de todos.
• Celebraban Juntos la eucaristía por las casas.

• Hacían oración en común.
Son cuatro rasgos ideales de la vida Interna de una comunidad cristiana, que están consignados en el Nuevo Testamento para que sirvan de pauta a todas las comunidades cristianas. El mismo Jesús había comenzado antes de esto a poner las bases de las comunidades cristianas con sus propios dlsdpulos. Con Él formaban bolsa común y trataban de llevar una vida de amor y servicio, como se ve en varios pasajes de los evangelios. Jesús se hacía el último y el servidor de todos, con gran extrañeza de sus discípulos, que veían en los demás maestros religiosos unos comportamientos totalmente opuestos. También en este punto comprobamos que sus recomendaciones de hacernos servidores unos de otros, sobre todo si tenemos algún cargo o función, le nacían de su experiencia más profunda.

En la citada comunidad que se formó en Jerusalén después de la Pascua, Jesús ocupaba el lugar central, no sólo por el recuerdo afectuoso, sino porque sabían que continuaba resucitado entre ellos, y se sentían todos vinculados personalmente a Él por la fe. Su unión mutua era a la vez resultado y expresión de la vida ce Jesús entre ellos.

De esta forma la fe cristiana resulta tan comunitaria como personal, y debe tener como marco de referencia una comunidad viva. Desgraciadamente, muchos cristianos parecen más bien afiliados a una organización que miembros vivos de una comunidad. De ahí procede el empobrecimiento de su fe.

Muchos cristianos, quizá la mayoría, ven las parroquias como establecimientos de servicios religiosos, y no como lo que están llamadas a ser: lugares y ámbitos de fe comunitaria y relacicnes fraternas. Habría que ver con sinceridad las causas de esta visión deformada, y nacer lo posible por superarlas, no tanto con palabras, cuanto con hechos. Los cristianos más conscientes están llamados a agruparse en grupos comunitarios vivos, que se acerquen, en su espíritu y funcionamiento Interno, al Ideal esbozado en la comunidad de Jerusalén. Este punto es tan importante que engloba el siguiente e Influye decisivamente en los demás.

Para la mayoría de los jóvenes, el mantenimiento y desarrollo de esta experiencia viva de fe, está ligada a su pertenencia a alguna de estas comunidades fraternales, donde se personaliza la vinculación a Jesjs. Gran parte de los que se enfrían o abandonan la vida de fe, no lo harían si recibieran el aliento de una comunidad viva.

El Concilio Vaticano II ha insistido fuertemente en el sentido comunitario de la fe cristiana, y ha impulsado la extensión de pequeñas comunidades er las parroquias y en todas las Instancias eclesiales.

b) Segundo, oración y celebraciones
Lo acabamos de ver en la comunidad de Jerusalén: los cristianos se reunían con frecuencia para celebrar la eucaristía y para nacer oración comunitaria. No insistimos en un punto que es obvio y fundamental.

La oración comunitaria cuenta con una presencia especial de Jesús, como nos lo asegura el evangelio. En ellas aprendemos cordialmente, no sólo mentalmente, quién es Jesús para cada uno de nosotros, y para todo el grupo. En ellas sentimos con fuerza a toda la Iglesia orante, que sigue como nosotros los pasos de Jesús.

Las celebraciones sensibilizan y realizan la fuerza dlnamizadora del Señor, por medio de los signos que lo hacen presente. Esa fuerza se acrecienta en las celebraciones sacramentales, especialmente en la eucaristía.

La eucaristía más pobre del lugar más descuidado, cuenta con la garantía total de la presencia y la fuerza de Jesús, prometida por él mismo. Ha sido un acierto pedagógico de la Iglesia, desde los primeros tiempos, el establecimiento de un día semanal como día del Señor -que es lo que significa la palabra "domingo'’- para celebrar en él, en todos los lugares del mundo, la eucaristía pascual de recuerdo y actualización de la pascua de Jesús.

Para un cristiano de fe viva, la pregunta sobre la obligatoriedad de la asistencia carece de sentido, porque es para él un momento de encuentro con Jesús, donde recuerda y aviva su condición de admirador, partidario y seguidor cel Maestro. Por eso, aunque se trate de celebraciones poco ambientadas y hasta aburridas, él acude con plena fe, y se esfuerza en permanecer unido a ese Jesús que es su camino, verdad y vida.

Pero dicho todo esto, no podemos dejar de añadir que una celebración cristiana no puede calificarse como ideal y ni siquiera como buena, si no alcanza un clima comunitario mínimamente aceptable. Porcue resulta que las celebraciones cristianas, especialmente la eucaristía, son por naturaleza celebraciones comunitarias y eclesiales. De tal forma que la mentalidad de ciertos cristianos, que acuden a misa como asistentes particulares a un acto religioso realizado en el altar, no corresponde al espíritu del evangelio ni a las enseñanzas de la Iglesia. La eucaristía y todas las celebraciones son experiencias grupa les de fe personal y comunitaria. Es deber de todos procurar la realización de celebraciones realmente comunitarias, que faciliten el encuentro vivo con aquel Jesús que se nos hace presente de modo especial en la comunidad de sus hermanos.

Una catequesis sobre el ser cristiano, no puede dejar de mencionar la oración personal como un ámbito necesario de vida cristiana. El ser humano necesita silencio y reflexión, simplemente para ser más persona y más humano. El seguimiento de Jesús, desde el momento en que descansa en un encuentro personal con él, no puede mantenerse, menos aún desarrollarse, sin espacios frecuentes dedicados a la oración. La oración y celebraciones comunitarias no alcanzan la deseada densidad en los grupos y comunidades que no practican la oración personal. Basten estos apuntes para mostrar la excepcional Importancia de una cuestión en la que no podemos extendernos aquí.

c) Tercero, el prójimo
El tercer punto o ámbito fundamental de vida cristiana se llama "prójimo". Con esta palabra, el evangelio no designa únicamente a las personas que están cerca de nosotros, sino que va infinitamente más lejos. ¿Quién es mi prójimo?, le preguntó aquel jurista a Jesús. Éste no quiso responder directamente a la pregunta, sino que empezó contando una parábola. V al final cambió ''Intencionadamente” la pregunta del Jurista, y le lanzó a él la siguiente pregunta: ¿Cuál de los tres personajes de la parábola -sacerdote, levita, samaritano- te parece que se hizo prójimo del hombre caído? (Le 10, 25-37).

En este planteamiento de Jesús hay mucha más miga de lo que se podía esperar. No se trata de saber quién es mi prójimo, sino de que yo me haga prójimo de los demás. Es un giro total, que descalifica por completo esa ¡dea cómoda e interesada, que llama prójimos a las personas cercanas. Siguiendo a Jesús, debiéramos planteamos la cuestión de una forma muy distinta. ¿De cuántas personas me he hecho yo prójimo hasta ahora?, y ¿de quiénes: siempre de los mismos? Jesús vivió el amor de esta manera y, una vez más, nos enseña lo que él mismo vivió. Según esa enseñanza, cualquier persona puede ser mi prójimo: el amor cristiano es universal.

No deja de ser Intencionada y provocativa la elección de los personajes de la parábola. El samaritano era para los Judíos una "especie’’ Irreligiosa, atea y herética. Y no deja de haber una critica radical contra aquellos sedicentes cristianos, que cultivan mucho su experiencia interior pero que viven Instalados en la desigualdad social y en la Insolidarldad. Estas personas están representadas por el sacerdote y el levita, que eran dos hombres religiosos.

La parábola nos dice con gran energía que la experiencia de admirador, partidario y seguidor de Jesús, resulta un cuento chino cuando no va acompañada de la práctica del amor al prójimo, y más en concreto, al prójimo necesitado y pobre. Lo cual significa que el prójimo es la primera y principal presencia de Jesús para nosotros. El que se hace seguidor de Jesús se transforma paulatinamente en lo tocante a las relaciones con el prójimo, sobre todo, del prójimo necesitado y pobre.

Sabíamos por el Antiguo Testamento que todo ser humano es imagen de Dios, por lo cual merece absoluto respeto. Jesús ha elevado nuestra visión y nos ha dicho que cada persona debe ser para nosotros El mismo. En consecuencia, si nos preguntamos de nuevo qué es un cristiano y quién es cristiano, tendremos que responder lo siguiente: Aquél que, por ser seguidor de Jesús, considera y trata a cada ser humano como al mismo Jesús. Casi nada.

El pasaje evangélico que hace estas tremendas afirmaciones es la conodda parábola del juicio final (Mt 25, 31-46), cuando dice repetidamente: lo que hicisteis a uno de estos necesitados, me lo hicisteis a mí; y lo que dejasteis de hacer con ellos, dejasteis de hacerlo conmigo.

d) Cuarto, la justicia
Ahora bien, si queremos llegar al fondo de estas enseñanzas, hemos de ahondar más en la palabra "prójimo”. Ambas parábolas -Juldo final y buen samaritano- nos enseñan que, entre todas las personas a las que podemos "aprojlmarnos", hay unas que gozan de una clarísima e indiscutible preferenda: son los marginados, los hambrientos, los mal vistos, los enfermos, los pobres. Y si esto es asi, las buenas relaciones y la caridad son Imprescindibles, pero pueden ser también insuficientes, cuando un sistema social genera injusticias y diferendas exageradas.

Cuando muchas personas en el mundo mueren de hambre, dertos niveles de vida no se pueden cohonestar con el seguimiento de Jesús. Cuando, en nuestro mismo entorno, la desigualdad de posesiones, de formas de vida y de oportunidades reales está a la orden del día, hay que plantearse más en serlo lo que significa el seguimiento de Jesús. Ciertas obras aslstenciales y caritativas, no sólo resultan Insuficientes, sino además Insultantes, cuando las personas que las hacen llevan un tren de vida alto, viven Inmersas en la desigualdad social, o bien generan por otro lado mayores desigualdades con sus formas legalizadas de explotar al prójimo.

Por eso, ante el hecho evidente de la desigualdad establecida, no basta hablar de amor, sino que es preciso hablar de Justicia. El seguidor convencido de Jesús, está llamado a trabajar activamente en el seno de la sociedad civil, por establecer leyes más justas, que dificulten la explotación del prójimo y corrijan constantemente las desigualdades que vayan surgiendo. Aquí sí que podemos decir, con toda la fuerza de la fe, la famosa frase: ¡Dios lo quiere!

Jesús nos invita a gastar nuestras energías en un compromiso social activo, hasta lograr que todos los seres humanos tengan una vida digna; que todos los niños y jóvenes tengan Igualdad de oportunidades. Estamos muy lejos de la meta. Pero el seguidor de Jesús sabe que El no hacía el bien para sentirse a gusto y satisfecho, sino para tratar de solucionar los problemas. El amor al prójimo se llama, ante todo, justicia.

Los jóvenes que, después de unos años de catequesis y de formación cristiana, se preparan para dar el salto a una fe adulta, son los que mejor entienden este mensaje vivo de Jesús: "Me da dolor esta gente" que carece de lo necesario.
El paso hacia la adultez cristiana consistirá en acrecentar la experiencia de seguidor de Jesús con la unión de dos polos, que han marchado demasiado tiempo separados por obra de cristianos interesados, pero que en Jesús iban Inseparablemente unidos: la fe y la justicia.

5. ¿QUÉ ES UN CRISTIANO?
¿Qué es un cristiano? Es un admirador, un partidario, un seguidor de Jesús; es uno que ha "conocido" personalmente a Jesús, y ha sido salvado por Él, como los enfermos, marginados y mal vistos del evangelio; es alguien que tiene una fe callente, y por ella se ha vinculado vitalmente a Jesús, como un sarmiento de la vid. Hay que hacer la prueba para saber lo que es esto.

Hay que experimentarlo personalmente. V es más fácil vivirlo que explicarlo bien. Un antiguo himno gregoriano dice: Expertus potest dicere ("solamente quien lo ha experimentado puede comunicar lo que es esto"). Quien tiene una experiencia de éstas cambia de actitud ante si mismo, ante las personas y ante el mundo, y empieza a tranformarse aun antes de haber recibido norma alguna. No hay ley para quien tiene esta experiencia, porque vive del encuentro vivo con Jesús y de su seguimiento. No hay que darle órdenes y normas para vivir su fe comunitariamente, fraternalmente, en Iglesia; no hay que darle órdenes y normas para orar, hacer celebraciones y participar en la eucaristía el día del Señor y cuando la comunidad se reúne o tiene algo que celebrar; no hay que darle órdenes y normas para que se acerque al prójimo, y se haga prójimo de las personas más necesitadas; no hay que darle órdenes y normas para que se apasione por la Justicia y practique la solidaridad, pues lo desea más que nada.

 
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