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Actualidad católica
| Y ahora, Francia |
| Así, cuando los ecos del histórico viaje a los Estados Unidos aún no se han apagado, se perfila ya un desafío si cabe aún mayor para el Papa Ratzinger. De la laicidad americana, abierta a la aportación social de la religiosidad, al rígido laicismo heredado de la Revolución; del empuje todavía juvenil de una comunidad católica que no ha cesado de abrirse espacio, al cansancio de una vieja cristiandad cada vez más reducida.... ¿O quizás no es todo tan simple como parece? |
| Como si de una réplica a los inventos de Le Figaró se tratase, la conferencia episcopal francesa ha anunciado que Benedicto XVI visitará París y Lourdes entre los días 12 y 15 del próximo septiembre. Así, cuando los ecos del histórico viaje a los Estados Unidos aún no se han apagado, se perfila ya un desafío si cabe aún mayor para el Papa Ratzinger. De la laicidad americana, abierta a la aportación social de la religiosidad, al rígido laicismo heredado de la Revolución; del empuje todavía juvenil de una comunidad católica que no ha cesado de abrirse espacio, al cansancio de una vieja cristiandad cada vez más reducida.... ¿O quizás no es todo tan simple como parece? Lo cierto es que apenas veinticuatro horas después de los rumores esparcidos sobre la salud del Papa (tres años de paz y volvemos al asunto), se han conocido los detalles de la visita de Benedicto XVI a una nación antaño denominada "la hija mayor de la Iglesia", que paradójicamente ha exportado el laicismo a toda Europa y que ha visto crecer en sus calles la gran ruptura de Mayo del 68 que pretendió romper las amarras con la tradición cristiana. Pero cuarenta años después el panorama es ambivalente y fluido. Los franceses han votado ampliamente a un presidente que propone sin ambages pasar página de aquella rebelión fallida, muchos de los intelectuales que alimentaron el proceso están francamente de vuelta y la Iglesia ha aprendido a hablar con una voz nueva, sobre todo gracias al liderazgo del gran cardenal Lustiger. Lo primero que llama la atención en el programa de este viaje es que el primer acto (tras los saludos a las autoridades) consista en un discurso dirigido al mundo de la cultura en el Colegio de los Bernardinos, una institución creada por la archidiócesis de París para establecer un diálogo permanente con la sociedad. Este será un escenario propicio para que el Papa profundice algunos de sus temas prioritarios: la relación entre fe y razón, el diálogo entre cristianismo y modernidad, la relación entre ciencia y ética y los fundamentos pre-políticos de la convivencia social. Sin duda será un hito más, dentro de un eje que conforman ya los discursos de Ratisbona y La Sapienza. Por otra parte, Francia es un espacio geográfico ideal para enmarcar la descripción que realiza la encíclica Spe Salvi sobre la sustitución de la esperanza cristiana por los mitos del progreso (la ciencia y la política entendidas como redención), así que no sería extraño que esa sea otra de las perspectivas de un discurso que no mirará sólo a los intelectuales franceses, sino al conjunto de una Europa descreída pero sedienta, que emite señales contradictorias por lo que se refiere a una nueva recepción del anuncio cristiano. No será la primera vez que Joseph Ratzinger hable desde una prestigiosa tribuna intelectual francesa. Lo hizo ya en La Sorbona en el año 1999, donde pronunció una memorable conferencia sobre Fe, verdad y cultura que fue reproducida por Le Monde como muestra del respeto conquistado por el cardenal-profesor en un ambiente más bien reticente frente a las propuestas católicas. Allí se levantó acta de que Roma tenía una palabra capaz de interesar a los miembros de las modernas sociedades europeas, una palabra sorprendentemente sagaz e iluminadora para abordar los nuevos problemas de una época que ha visto la quiebra de las utopías revolucionarias y que asiste a la pugna incierta entre el nihilismo y una nueva forma de esperanza aún no concretada. Ratzinger vuelve ahora calzando las sandalias del pescador, y será decisivo escuchar su mensaje en esa tierra de las luces y de la razón, cuya propia historia canta a las claras que el cristianismo es la espina dorsal de su propia carne. En el atrio de la Catedral de Notre-Dame se desarrollará el encuentro con los jóvenes, del que el Papa no quiere prescindir en ninguno de sus viajes. Quizás sea la ocasión de confirmar aquella impresión de renovado empuje que se advirtió en los Campos Elíseos en la Jornada Mundial de la Juventud de 1997, junto a Juan Pablo II. Lo cierto es que algunos datos del catolicismo francés hablan de una nueva estación: cada año son bautizados más de diez mil adultos, la vida parroquial se recupera lentamente, existe una nueva generación de intelectuales católicos y se han superado algunas contraposiciones estériles en el campo teológico. Son señales que requerirían un análisis más profundo para sacar conclusiones, pero indican una dinámica de reconstrucción, de nueva vitalidad en un contexto socio-cultural algo más abierto que en los pasados decenios. La segunda etapa del viaje se centrará en Lourdes para celebrar los 150 años de las apariciones de la Virgen a la joven Bernardette Soubirous. El Papa teólogo volverá a inclinarse ante la manifestación del Misterio dentro de la vida cotidiana de los hombres, volverá a rendir público homenaje a la fe de los sencillos que peregrinan con su necesidad a los pies de María para obtener de su Hijo la gracia de la curación, pero aún con más urgencia, la gracia de la conversión. El hombre que contemplaremos arrodillado en la gruta de Lourdes no es otro distinto del académico que discute con los grandes del pensamiento, ni del líder moral que recuerda a los poderosos de la tierra su deber de proteger los derechos de los más débiles. Allí, junto al pueblo de los necesitados y de los heridos en el cuerpo y en el alma, el Papa Benedicto reconocerá con toda la potencia de su razón y toda la riqueza de su sensibilidad que el Misterio se ha hecho carne, que tiene un rostro, que interviene en la historia, que no deja de enviar sus signos para abrir una senda de luz al fatigoso peregrinar de los hombres. Lourdes puede ser una espina en el corazón de la Europa escéptica, pero es una espina que trueca el dolor en esperanza. Esa misma esperanza de la que sabe dar razón como nadie Benedicto XVI. José Luis Restán libertaddigital.com |
| BENEDICTO XVI Y EL JUICIO DE DIOS Reedificar la tierra |
| Por José Luis Restán El Papa ha retomado la cuestión del Juicio de Dios, uno de los puntos centrales de la encíclica Spe Salvi, en su diálogo sin papeles con los párrocos de Roma. De esta forma combate el eclipse de uno de los núcleos del Credo en la predicación y la catequesis, y lo hace poniéndolo en relación con la responsabilidad histórica de construir el mundo. |
| Hace falta leer con atención la respuesta de Benedicto XVI para ver hasta qué punto son estúpidas las crónicas que hablan de contradicciones con su predecesor, o de un irrefrenable gusto del Papa por desempolvar cuestiones incómodas, como la del infierno. En su respuesta a uno de los párrocos romanos, Benedicto XVI explica que los cristianos estamos todavía bajo el influjo de la acusación marxista según la cual nos hemos dedicado a hablar del más allá, olvidando nuestra responsabilidad terrena. Ciertamente estamos llamados a trabajar para que esta tierra sea realmente la ciudad de Dios, pero si no tenemos en cuenta las realidades eternas –advierte el Papa– no trabajaremos bien por la tierra. Por eso el primer trabajo para reedificar una tierra que sangra por tantas heridas, consiste en reencontrar la conciencia verdaderamente humana, iluminada de la presencia de Dios. "Debemos hablar de estas cosas, precisamente por responsabilidad hacia la tierra y hacia los hombres que viven en ella". Con una pedagogía conmovedora, Benedicto XVI retoma algunos pasos de la encíclica Spe Salvi, que cada vez más se revela como una piedra miliar en el camino de la Iglesia en el siglo XXI. Allí describe cómo todas las grandes ideologías han pretendido tomar en sus manos la tarea de crear un mundo nuevo en el que el mal fuese definitivamente extirpado, pero en lugar de eso, han destruido al mundo. Y en este diálogo el Papa aporta el testimonio de los obispos de países ex comunistas, que manifiestan cómo la ideología no sólo ha destrozado la economía y los recursos naturales sino sobre todo ha dañado las almas. Sanar este daño sólo será posible con una nueva apertura hacia Dios. El Juicio de Dios, como subraya el último tramo de la Spe Salvi, no sólo no es una adenda esotérica a la fe cristiana, ni un motivo para alimentar la pasividad, el miedo o la irresponsabilidad de los creyentes. Por el contrario, el Juicio de Dios es garantía de una justicia última que ningún poder humano puede ofrecer, y es condición para la libertad del hombre. Todos deseamos que se haga justicia: a nosotros mismos, a quienes amamos y también a quienes nos han precedido y ya han muerto. Y sin embargo no está en nuestras manos reparar todas las destrucciones del pasado y del presente, las que padecemos y las que provocamos: "Sólo Dios –dice el Papa– puede crear verdadera justicia, una justicia que debe alcanzar a todos, también a quienes han muerto". Y en este paso (¡golpe maestro!) Benedicto XVI invoca la afirmación de Adorno, un gran marxista para quien sólo la resurrección de la carne podría hacer justicia. Para él, sin embargo, esto era imposible... sin embargo está en el centro del anuncio cristiano. Cuando se desconoce el Juicio de Dios, y con él la posibilidad del infierno, esto es, del fracaso radical y definitivo de la vida, entonces se ignora también la necesidad de que todos los intentos del hombre sean purificados. Entonces no se trabaja realmente por la tierra y los mejores proyectos terminan por corromperse. La seriedad de esta explicación de una verdad esencial y perenne de la fe cristiana, se abre al final con una preciosa perspectiva de esperanza. Ciertamente un día nos presentaremos ante Dios con numerosas heridas y mucha suciedad, pero Él nos ofrece la posibilidad de lavar todo eso con la bondad que mana de la Cruz. Y si el purgatorio es esa necesaria purificación que comprendemos tan bien, el paraíso es la esperanza, la justicia finalmente realizada. Ahora bien, allí donde los hombres viven según el criterio de Dios, aparece ya algo del Paraíso en este mundo, y esto es visible aquí y ahora. "Me parece –añade el Papa– que ésta es también una demostración de la verdad de la fe, de la necesidad de seguir el camino de los mandamientos". Y así se cierra el círculo, porque hablar del más allá, para los cristianos, no puede separarse del afán de labrar la tierra y de construir la ciudad. libertaddigital.com |
| ELECCIONES VISTAS DESDE EL MUNDO CATÓLICO Ahora es bello comenzar de nuevo |
| Corriere della Sera del 11 de marzo. El periodista Aldo Cazzullo dispara a bocajarro: "Cardenal, ¿han perdido ustedes las elecciones? ¿La victoria de Zapatero es la derrota de los obispos?". La respuesta del cardenal Cañizares es contundente: "No, me congratulo con Zapatero, deseamos colaborar con él para que se mueva en el surco de la Constitución y persiga, como hace la Iglesia, el bien común." |
| No es sólo cosa de curas y monjas |
| Por Alfonso García Nuño La celebración de la familia del 30 de diciembre y la nota de la Conferencia Episcopal de la Iglesia Católica en España, con motivo de las próximas elecciones generales, han sido ocasión para que muchos mostraran aún más a las claras su verdadero rostro y quizás para que algunos de los que no se quieren enterar, porque es más cómodo vivir sesteando con la excusa de que la res publica es responsabilidad de otros, vayan cayendo en la cuenta de dónde viven y con quién. |
| Hemos podido ver y oír a miembros del Ejecutivo y del Legislativo, bien en su condición de tales, bien en la de dirigentes de su partido, amenazar a una confesión religiosa más o menos explícitamente; intentar condicionar la vida interna de la misma; incluso decir, desde el poder, cómo deberían opinar o si la actuación de sus dirigentes, en este caso son obispos, es conforme o no con su identidad católica. Pero también hemos podido ver cómo ha habido desde algún actor ardorosamente jaleado por otros miembros del mundillo del cine hasta un nutrido grupo de abortistas pedir o la disolución o la cremación de la Conferencia Episcopal. Lo cual es posible porque se sienten con impunidad social. Algo que no se da espontáneamente, sino que es fruto de un largo proceso de preparación a base de propaganda y una constante estigmatización de lo religioso en general y muy en particular de lo católico y lo clerical. En el momento en que un grupo social ha sido convertido, en la simbología colectiva, en una diana, es fácil ir contra él y, cuando ha comenzado la caza, una vez se haya cogido inercia, es muy difícil pararla. ¿Estaremos aún a tiempo? La reacción social y la de los demás partidos, con especial responsabilidad el principal de la oposición, ha sido tan tibia como preocupante. ¿Seré un alarmista extremado y pesimista? Los hechos no son aislados, están dentro de una trayectoria cuya última aportación, por ahora, es la ley de cultos que se tramita en el parlamento regional de Cataluña. Pero además son hechos que afectan no a una cuestión periférica, sino a elementos nucleares de la vida personal y social en un régimen democrático. Además esto va unido a otra serie de actuaciones que, en puntos fundamentales de la vida pública, han llevado a la actual Constitución a un estado que, con frecuencia, he calificado de comatoso. Situación en la que parece encontrarse gran parte de la sociedad española; si no, es difícil explicarse las encuestas. Pero esto no es sólo cosa de curas y monjas. A todos los católicos, desde los más progres a los más carcas, les concierne que los obispos vean coaccionada su libertad para opinar; que haya intromisiones, sobre todo desde el poder, sobre cómo se tiene que organizar la Iglesia o cómo tiene que opinar a través de sus últimos responsables; que la política solamente la puedan ejercer los políticos profesionales; que el espacio público esté vedado a los católicos en tanto que católicos. Pero esto no es sólo cosa de católicos. La libertad religiosa es algo que atañe a las demás confesiones cristianas, a los judíos y a cualquier otra religión. Todo lo que sea socabar la de unos será siempre en perjuicio de la de otros. Pero esto no es sólo cosa de personas religiosas. La libertad religiosa incluye la posibilidad de ejercerla negativamente, pues se trata del derecho a poder creer libremente y no solamente un derecho que tengan los que ya creen. Y, como el hombre es una unidad, el deterioro de cualquier derecho afecta a los demás. Cualquier menoscabo de la libertad religiosa es un ataque a la libertad de expresión, de opinión, de conciencia, de reunión, de manifestación, de asociación... hasta puede verse afectada la libertad de movimiento. No es solamente una cuestión de personas más o menos religiosas, es un problema de ciudadanos. Pero esto no es sólo cosa de ciudadanos. Si quienes ejercen los poderes del Estado actúan así con el grupo más amplio de nuestra sociedad cuando no les conviene lo que dice, cualquier asociación del tipo que sea puede pensar que el camino para que su opinión sea limitada está abierto. Al votar, además del programa, se otorga la confianza a alguien. ¿Se puede confiar en quienes desconfían de la libertad de grupos y ciudadanos, es decir, de ti y de mí? libertaddigital.com |
| El humo de la confusión de los cristianos socialistas |
| Por José Francisco Serrano Oceja No sé si los cristianos socialistas son muchos o pocos, mártires de unos o de otros, submarinos en la Iglesia o en el PSOE, ingenuos utópicos o realistas esperanzados. No sé si sus escritos tienen mucha difusión o poca. No sé si cuentan con mucho apoyo en el PSOE laicista de Zapatero y en la Iglesia o poco. |
| No sé si su incursión en los grupos federales –al menos así aparecen en la página web del PSOE–, junto con Participación de la realidad latina; gays, lesbianas y transexuales; grupo de árabes socialistas... es algo más que una casualidad. No sé si su afán por tender puentes se ha quedado en eso o han sido capaces de construir al menos un trampolín. No lo sé. Lo que sí sé es que han publicado una nota ante las próximas elecciones que está tan pegada a la de la Conferencia Episcopal que parecen haberse constituido en conferencia eclesial paralela, en germen de una iglesia cristiana nacional financiada por el PSOE. Cuando se hizo pública aquella magnífica clarificación de los obispos, que sirvió al menos para elevar el nivel del debate público respecto a lo que vamos a votar en las próximas elecciones, los citados cristianos socialistas y, por ende, socialistas cristianos, declararon que el reino de Dios había avanzado en España gracias a "la retirada de las tropas de Irak, la acción decidida contra la dominación por razón de género, la política de paz en el País Vasco, la regularización de casi un millón de inmigrantes y el firme compromiso contra la discriminación histórica que han sufridos las personas homosexuales". Por supuesto que siempre es posible un paso más. Señalaban, desde sus convicciones cristianas, que "es precisamente la motivación moral la que ha impulsado las acciones más señeras del Gobierno del presidente Zapatero en esta legislatura y la que sostiene el programa de gobierno para la próxima". No hay más que oír estos días al ministro Bernat Soria hablar de un plan integral para el aborto y darnos cuenta de las motivaciones cristianas de las políticas futuras del Gobierno socialista. Pero la historia no ha acabado ahí. En un ejercicio de auténtico profetismo de agrupación de salón y tentempié han emitido un amplio comunicado en el que matizan con un "pero" todos y cada uno de los puntos de los obispos de la Comisión Permanente, como si a la doctrina de los obispos les faltara una tilde, o se hubieran olvidado de un aspecto importante de su magisterio y por tanto hubieran estado manipulando los criterios iluminadores de la conciencia cristiana y de la recta razón frente a las próximas elecciones. El texto que ahora proponen es un remedo que, sibilinamente, reproduce el lenguaje y parafrasea las palabras episcopales en un ejercicio de confusión doctrinal de largo alcance. Uno de los problemas de estos cristianos socialistas es que nunca parecen satisfechos con lo que dicen los obispos mientras la jerarquía no se dedique a aplaudir las buenas obras éticas y morales de las políticas de Zapatero. Matizar a los obispos supone matizar el Evangelio, o al menos, llevarlo a un terreno pantanoso de fecales aguas políticas de partido. Máxime si de un partido como el socialista se trata, que no se caracteriza, precisamente, por propuestas legislativas que respeten la naturaleza de la condición humana y que permitan la libre expresión de la propuesta de la experiencia cristiana. Con este nuevo comunicado de los cristianos socialistas el programa del PSOE ha dado un paso más: se ha revestido de teología de la liberación de baja intensidad y se ha presentado como la legitimación de la conciencia para unos ciudadanos que votan con la sola buena fe. Una vez más, el humo de la ideología socialista no les deja ver lo que está ocurriendo; no les permite oír la nítida voz de los obispos. No se trata, como ellos afirman reiteradamente, de un ejercicio de discernimiento dentro del episcopado. La estrategia de la desunión de la Iglesia tiene ya muchos años. Lo dramático del caso que nos ocupa es que son quienes se denominan cristianos los que han trazado con la tiza de la inoportunidad una línea divisoria entre nuestros obispos que, cuando realizan un discernimiento moral, van a una. Por más que argumenten su texto con citas de un magisterio pontificio a su medida, lo que van a sembrar es la semilla de la confusión y ese relativismo destructor que lleva a muchas personas a respirar el humo negro de la disidencia. libertaddigital.com |