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Tabla de contenido

ENVIDIA

 


Citas de la Sagrada Escritura

 

Porque sois todavia carnales. Si, pues hay entre vosotros envidia y discordia. `,No prueba esto que sois carnales y vivis a lo humano? I Cor3, 3.

 

Mas por envidia del diablo entro la muerte en el mundo, y la experimentan los que le pertenecen. Sab 2, 24.

 

Es malo el de ojos envidiosos, el que vuelve el rostro y desprecia a las personas. Eclo 14, 8.

 

No comas con el envidioso ni codicies sus manjares. Prov 23, 6.

 

No te goces en la caida de tu enemigo, no se alegre tu corazon al verle resbalar. No lo vea Dios y le desagrade. Prov 24, 17.

 

Despojaos, pues, de toda maldad y de todo engaño, de hipocresia, envidias y maledicencias. I Pdr 2, 1.

 

No seamos codiciosos de la gloria vana, provocandonos y envidiandonos unos a otros. Ga/ 5, 26.

 

No ire con el que de envidia se consume, porque la envidia no tiene nada que ver con la sabiduria. Sab 6, 23.

 

El que insulta al pobre insulta a su Hacedor, y el que se goza del mal ajeno no quedara impune. Prov 17, 5.

 

Porque donde hay envidias y rencillas, alli hay desorden y toda clase de vilezas. Sant 3, 16.

 

Corazon apacible es vida del cuerpo, y la envidia es la caries de los huesos. Prov 14, 30.

 

Si alguno enseña de otra manera [...], es un soberbio que nada sabe, sino que mas bien enloquece sobre cuestiones y disputa de palabras; de donde se originan envidias, contiendas, blasfemias [---1-1 Tim 6, 3-4.

 

Bien manifiestas son las obras de la carne, las cuales son adulterio, fornicacion, deshonestidad, lujuria, culto de idolos, hechicerias, enemistades, pleitos, celos, enojos, riñas, disensiones, herejias, envidias, homicidios, embriagueces, glotonerias y cosas semejantes [...]: los que tales cosas hacen no alcanzaran el reino de Dios. Gal 5, 19-21.

 

Tambien nosotros eramos en algun tiempo insensatos, incredulos, extraviados, esclavos de infinitas pasiones y deleites, llenos de malignidad y de envidia, aborrecibles y aborreciendonos los unos a los otros. Tit 3, 3.

 

Como no quisieron reconocer a Dios, Dios los entrego a un reprobo sentido [...], quedando atestados de toda suerte de iniquidad [...]; llenos de envidia, homicidas, pendencieros, fraudulentos [...]. Los cuales no echaron de ver que los que hacen tales cosas son dignos de muerte; y no solo los que las hacen, sino tambien los que aprueban a los que las hacen. Rom 1, 2832.

 

Pilato sabia que le habian entregado a Jesus por envidia: Mt 27, 18.

 

Al insensato le mata el enojo, y al necio la colera. Job 5, 2.

 

Corazon apacible es vida del cuerpo, y la envidia es la caries de los huesos. Prov 14, 30.

 

Esos sueños (los de Jose) y las cosas que el contaba fueron causa de que (sus hermanos) le tuviesen mas envidia y mas odio. Gen 37, 8.

 

Todo trabajo y todo cuanto de bueno se hace mueve la envidia del hombre contra su projimo. Ecles 4, 4.

 


SELECCION DE TEXTOS

 

Tristeza ante el bien del projimo

 

1955 Es la envidia un pesar, un resentimiento de la felicidad y prosperidad del projimo. De aqui que nunca falte al envidioso ni tristeza, ni molestia. ¿Esta fertil el campo del projimo? ¿Su casa abunda en comodidades de vida? ¿No le faltan ni los esparcimientos del alma? Pues todas estas cosas son alimento de la enfermedad y aumento de dolor para el envidioso. De aqui que este no se diferencia del hombre desarmado, que por todos es herido (SAN BASILIO, Hom. sobre la envidia).

1956 Cuanto mas se engrandece el projimo por la sumision de la humildad o por la paciencia o por la munificencia, mas herido se siente el envidioso con los aguijones de la pasion. Lo que el quisiera es la ruina de su hermano, su muerte, nada mas (CASIANO, Colaciones, 17, 17).

 

1957 Los pecados capitales estan unidos por tan estrecho parentesco, que uno se origina de otro. El descendiente principal de la soberbia es la vanagloria, que, al corromper el alma de la que se ha apoderado, engendra enseguida la envidia; porque, deseando la gloria de un vano hombre, se entristece porque otro la puede alcanzar (SAN GREGORIO MAGNO, Moralia, 3l, 45).

 

De la envidia nacen el odio y otros muchos pecados y faltas

 

1958 De la envidia nace el odio (SANTO TOMAS, Suma Teologica, 2-2, q. 34, a. 6).

 

1959 La envidia es el mas feroz descendiente del odio. Pues los beneficios vuelven dociles y mansos a aquellos a quienes, por otra parte, hemos ofendido; pero los beneficios que se otorgan y dan al envidioso y maligno, le irritan mas aun (SAN BASILIO, Hom. sobre la envidia).

 

1960 De la envidia nacen el odio, la murmuracion, la detraccion, la alegria en la adversidad del projimo y la afliccion en la prosperidad (SAN GREGORIO MAGNO,MOralia, 31,45).

 

1961 La envidia se opone a la misericordia y a la caridad (SANTO TOMAS, Suma Teologica, 2-2, q. 36, a. 3).

 

1962 Huyamos, pues, hermanos, de esta terrible enfermedad, que nos impulsa a hacer guerra a Dios, que es la madre del homicidio, la ruina y trastorno de la naturaleza, el olvido de los vinculos de familia y la molestia mas absurda. Si nada grave te ha acontecido, ¿por que te afliges? ¿Por que haces la guerra al que disfruta de algunos bienes y no amenaza a los tuyos? (SAN BASILIO, Hom. sobre la envidia).

 

1963 ¿No ves cuan grande es el pecado de hipocresia? Pues esta es fruto de la envidia. Porque la envidia es la que principalmente produce en los hombres la doblez, puesto que, sintiendo odio en su interior, manifiestan cierto exterior que revela un tinte o especie de caridad; como los escollos ocultos en el mar que, encubiertos bajo muy poca agua, causan a los incautos un mal imprevisto (SAN BASILIO Hpm. sobre la envidia).

 

1964 La polilla que roe poco a poco los vestidos es la envidia, que destruye el celo, el fruto bueno, y rompe el lazo de la unidad (SANTO TOMAS, en Catena Aurea, vol. Vl, p. 98).

 

La envidia, <<enfermedad grave de la amistad>>

 

1965 El envidioso sacia su alma atormentada con la pena por la felicidad ajena (SAN GREGORIO MAGNO, Moralia, 5, 46).

 

1966 Asi nos lo dice Salomon: El hombre es envidiado por su propio compañero (Eclo 4, 4). Y asi sucede en verdad. El escita no envidia al egipcio, sino cada uno al de su misma nacion; y entre los habitantes de una misma nacion no existe envidia entre los que no se conocen, sino entre los muy familiares; y entre estos, a los primeros que se envidia es a los vecinos y a los que ejercen el mismo arte o profesion, o con quienes se esta unido por algun parentesco; y aun entre estos ultimos, a los de la misma edad, a los consanguineos y a los hermanos. Y, en suma, asi como el tizon es una epidemia propia del trigo, asi tambien la envidia es la plaga de la amistad (SAN BASLIO, Hom. sobre la envidia).

 

Fealdad y malicia de la envidia

 

1967 No obstante, quiero que lo sepais, la enfermedad de la envicia es de mas dificil curacion que los otros vicios (CASIANO, Colaciones, 18, 17).

 

1968 Asi como los buitres, que pasan volando por muchos prados y lugares amenos y olorosos sin que hagan aprecio de su belleza, son arrastrados por el olor de cosas hediondas; asi como las moscas, que no haciendo caso de las partes sanas van a buscar las ulceras; asi tambien los envidiosos no miran ni se fijan en el esplendor de la vida, ni en la grandeza de las obras buenas, sino en lo podrido y corrompido; y si notan alguna falta de alguno (como sucede en la mayor parte de las cosas humanas) la divulgan, y quieren que los hombres sean conocidos por sus faltas (SAN BASILIO, Hom. sobre la envidia).

 

1969 Quien se abandona a la envidia demuestra su pequeñez (CASIANO, Instituciones, 5, 22).

 

Es dificil de curar

 

1970 Puede ocultarse el veneno de la envidia, pero es dificil hacerlo desaparecer (SAN BEDA, en Catena Aurea, vol. VI, p. 388).

 

1971 Los perros se hacen dociles con el alimento que se les da, y los leones, cuando se los cura, se hacen tratables: pero los envidiosos se hacen mas insufribles y mas ofensivos con los obsequios y beneficios (SAN BASILIO, Hom. sobre la rnvidia).

 

1972 El envidioso ni halla medico para su enfermedad ni puede encontrar medicina alguna que le libre de este mal, por mas que las Santas Escrituras esten llenas de semejantes remedios. El unico alivio que espera es el ver caer a alguno de aquellos a quienes envidia (SAN BASILIO, Hom. sobrera envidia).

 

El envidioso se hace daño sobre todo a si mismo

 

1973 Asi como el dardo arrojado con gran fuerza, cuando choca en una parte dura y resistente se vuelve contra el que le arrojo, asi tambien los movimientos de la envidia, sin que perjudiquen al envidiado, se convierten en heridas para el envidioso. Porque, [quien por angustiarse y afligirse disminuyo los bienes del projimo? Antes bien, el que se entristece por el bien de los demas, a si mismo es a quien asesina (SAN BASILIO, Hom. sobre la envidia).

 

1974 No nace en el corazon del hombre vicio mas pernicioso que el de la envidia, la cual, sin dañar a los extraños, es ante todo un mal, y mal interior para el que la tiene. Porque asi como el orin roe y destruye al hierro, asi tambien la envidia roe y consume al alma a quien infesta. Y asi como dicen que las viboras nacen desgarrando el vientre materno, asi tambien la envidia suele devorar el alma que la fomenta (SAN BASILIO, Hom. sobre la envidia).

 

1975 Los envidiosos llevan retratado en su cara el mal de que adolecen. Sus ojos son aridos y sombrios, los parpados caldos, contraidas las cejas, el animo inquieto por torvo afecto y faltos de un juicio recto para apreciar la verdad (SAN BASILIO, Hom. sobre la envidia).

 

Envidia.- "Así como el orín consume al hierro, así destruye la envidia a los que llega a poseer. (S. Basilio, de invidia, sent. 7, adic., Trie. T. 3, p. 38 l.)"

"El envidioso no es infeliz por sus propios males, sino por los bienes ajenos: por el contrario, no cuenta por felicidad su propio bien, sino el ajeno mal. (S. Greg. de Nisa, de cita moris, sent. 4, adic., Tric. 4, 4, p. 357.)"

"El envidioso no puede tener entrada en el reino de los cielos: y aún en este mundo se puede decir que su vida no es verdadera vida, porque no roen tanto los gusanos, ni comen tanto un madero como la calentura de la envidia penetra, consume hasta la médula de los huesos. (S. Juan Crisóst., Homl. 31, c. 12, sent. 316, Trie. T. 6, p. 368.)"

"No es tan molesta la picazón en el ojo como la envidia en el corazón. (s. Bem., Serm. 5, de verb. Isaí., n. 10, sent. 95, Tric. T. 10, p.327.)"

"Sola la infelicidad no tiene envidiosos. (S. Bern., Serm. 5, de verb. Isai., sent. 131, Tric. T. 10, p. 330.)"

"El mismo Santo Doctor, dice, que la envidia es la lepra del alma: destruye el buen sentido, quema las entrañas, agobia el espíritu de pesar, roe el corazón como un cáncer, aniquila todos los bienes con sus emponzoñados ardores. El envidioso comete un pecado envidiando a los demás. ¡Oh envidiosos que codicíais la felicidad ajena, no destruyáis la vuestra!: porque si la muerte espiritual acompaña siempre a la envidia, no podéis a un mismo tiempo envidiar y vivir. ( Cant. VIII, 6, Barbier, T. 2, p. 125.)"

"La envidia, dice San Gregorio de Nísa, es el mayor de los males, madre de la muerte, primera puerta de¡ pecado, y raíz de los vicios. (Homil. in Gen.) La envidia, dice el mismo santo doctor, es el principio de los dolores, la madre de la miseria, la causa de la desobediencia, el manantial de la ignominia, un aguijón emponzoñado, un puño oculto, la enfermedad. de la naturaleza, una bilis venenosa, una llama funesta, un dardo de hiel, un potro que sujeta al hombre, una llaga que devora el corazón, y un fuego interior. Los envidiosos son aves de rapiña. (Homil., in Gen., Barbier., T. 2, p. 126.)"

"Los envidiosos, dice San Juan Crisóstomo, son peores que leones, semejantes a los demonios, y aún casi más malos; porque 1os leones nos atacan movidos por el hambre, o porque se les provoca se le irrita. Pero haciendo beneficios a los envidiosos, corresponde haciendo daños; atrayéndoles con favores, atacan y persiguen. Y hasta los mismos demonios, aunque es verdad que nos hacen una guerra encarnizada, no se persiguen unos a otros: por esto cerró Jesucristo la boca a los judíos envidiosos, cuando movidos de rencor, decían que Jesucristo arrojaba los demonios en nombre de Belcebú, príncipe d los ángeles malos. Si Satanás, contestaba El, echa fuera a Satanás, contrario a sí mismo: ¿cómo pues, ha de subsistir su reino? Por es razón, añadió El, los mismos demonios serán vuestros jueces: " Satanás Satanam, ejicit." Pero los envidiosos no respetan a sus sem jantes, ni tampoco a sus parientes: se hacen una guerra cruel; porque el envidioso detesta al envidioso, el celoso maldice al celoso. Es crimen, añade el mismo santo, no es perdonable: "Onni venia ceret hoc peccatum". El lascivo, en efecto, puede dar por excusa la fuerza de la concupiscencia; el ladrón puede alegar la necesidad, la pobreza; y el asesino puedo excusarse con la ira. Pero vosotros, envidioso decidme, ¿qué excusa podréis dar? "Tu vero, ¿quam dices causa rogo? Ninguna, sino vuestra perversidad sin límites. Ese vicio es peor que la fornicación y el adulterio. Porque el furor del vicio impuro halla límites en la misma acción; pero el furor y los estragos de 1a envidia, destruyen la Iglesia y el mundo entero. Por la envidia mató demonio al género humano en la persona de Adán. (Homil. in Gen Barbier, p. 126 y 127.)"

"Los envidiosos, dice San Próspero, aman el mal, y sienten lloran el bien; arden en enemistad gratuita, y están llenos de hipocresía, siempre llenos de amargura, siempre vacilantes, son los amigo del demonio, y los enemigos de Dios, de la sociedad y de sí mismo son odiosos a todos los hombres; se atormentan por lo que debiera s su consuelo, y rebosan de alegría cuando habían de llorar amargamente. Perversos y crueles para sí mismos, lo son también para los demás" (De vita contemplat., lib. 3, c. 9, Barbier, T. 2, p. 127 y 128.)"

 

"La envidia, dice S. Cipriano, excita la ambición, el desprecio de Dios y de su servicios; excita el orgullo, la perfidia, la prevaricación, los arrebatos, las discordias y crueldad: la envidia no puede sufrirse ni contenerse cuando encuentra la autoridad en su camino. Ella rompe los lazos de la paz y de la caridad; ella rompe la verdad, destruye la unidad, y se encamina directamente al cisma y a la herejía. ¡Qué crimen más horrible que tener envidia de la virtud y de la felicidad de los demás y aborrecer en ellos sus méritos naturales o sobrenaturales ! ¡Qué crimen convertir en mal el bien de los demás, no por sufrir los progresos de otros y experimentan atroz tormento por la felicidad ajena! ¡Qué locura y qué furor dar entrada en nuestro pecho a un verdugo,» a un tirano que desgarra las entrañas ! (Serm. de Zelo et livore, Barbier, T. 2. p. 128.)"

"Mucho más pudiera decir de lo que es la palabra envidia, pone Barbier, pero sólo concluiré con el mismo poniendo los remedios para desarraigar del corazón que esté dominado de ella, y no dar entrada, en el que se vea libre, estos son: la humildad, la modestia, el desprecio de la gloria y de los bienes temporales y el deseo de los eternos. La templanza en el seno de las riquezas excluye también la envidia. La dulzura, la mansedumbre, la bondad y la caridad destruyen la envidia... Huyamos de la envidia. No seamos ambiciosos de vanagloria, dice S. Pablo a los Gálatas, provocándonos los unos a los otros, y recíprocamente envidiándonos. Hemos de alegramos del bien de los demás. ¡Qué importa! dice S. Pablo a los Filipenses, con tal que de cualquier modo Cristo sea anunciado en esto, me gozo y me gozaré siempre. Hemos de alegrarnos con los que se alegran, y participar de las aflicciones de los tristes, sufriendo con ellos... (Barbier, ibid., p. 128.)"

 




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Última modificación: 05 de julio de 2007.